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Cara a Cara

6 de octubre de 2022, 4:00 AM
6 de octubre de 2022, 4:00 AM

Matar al mensajero es el deporte favorito de los poderosos que se saben desnudos, cuando se desvela información que ellos prefieren tener bajo la alfombra. Matar al mensajero es una forma de decir que los periodistas y los medios independientes son el blanco elegido de estos personajes incómodos con la libertad de prensa. Su negocio tiene muchos componentes. Primero, no responden cuando un reportero busca datos oficiales, mandan a sus comunicadores a poner trabas para finalmente distraer la perdiz y seguir escondiendo información. Segundo, cuando la nota finalmente se publica, mandan cartas o hacen tuits para decir que no hay contraparte, que fueron tergiversados o que se adulteró la información (cada uno de esos argumentos se usa, según la ocasión). El objetivo es desprestigiar y mellar la credibilidad del mensajero.

 Para golpear a un medio o periodista independiente están prestos los llamados guerreros digitales o los ‘influencers’ serviles al poder, que no escatiman esfuerzos en las redes sociales. Los hay funcionales a los políticos o a grupos económicos. Y, poco a poco, se van convirtiendo en un clásico. Para reconocerlos basta con escudriñar sus conductas en la vida real y sus argumentos en la vida virtual, lo que es diferente de quien tiene una sola línea de conducta y de vida.

 Si algo incomoda a los poderosos es que la verdad salga a la luz. Y, mientras haya periodistas honestos, comprometidos con la sociedad y amantes de la verdad, se necesitarán muchos guerreros digitales, muchos funcionales y pasarán muchas autoridades de turno. El periodismo libre es vital para la democracia.

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