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14 de octubre de 2022, 4:00 AM
14 de octubre de 2022, 4:00 AM

Una ametralladora Uzi en un aguayo. Eso es lo que encontró la fuerza anticontrabando en el municipio de Santiago de Machaca, en el altiplano paceño, cuando revisó a tres personas, dos varones y una mujer, y descubrió que llevaban también cargadores y munición. Las Uzi son armas icónicas de mediados del siglo pasado. Se diseñó allá por los años 1940 en el naciente Israel por el alemán Uziel Gal, como un arma de bajo costo y con cierta facilidad para ser producida en base a metal estampado a presión. Dispara de forma automática y semiautomática, y en rigor corresponde a la categoría de subametralladora. Se cree que se llegó a fabricar alrededor de 10 millones de Uzis en el mundo. Una de ellas fue a parar a aquel aguayo boliviano.

 ¿Qué hacía una Uzi en esa especie de mantilla multicolor andina tejida a mano y que se usa principalmente para cargar bebés o cargar objetos, últimamente mascotas y ahora también armas de fuego? Imaginar la imagen resulta pintoresco, pero a nadie debiera extrañar la existencia de muchas más armas en el área del contrabando más poderoso y mejor armado del país, como es el altiplano y las regiones cercanas a la frontera con Chile. Por allí entra el contrabando más caro y de mayor cantidad. Para protegerlo, los contrabandistas tienen virtualmente ejércitos propios que no usan uniformes ni tienen coroneles, pero sí armas, miras telescópicas y sistemas de comunicación más modernas que las mismísimas Fuerzas Armadas del Estado boliviano.

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