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Cara a Cara

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16 de octubre de 2022, 6:00 AM
16 de octubre de 2022, 6:00 AM

 Con el pedido clamoroso de ‘no estacionar’ son muy visibles los letreros en los portones del garaje de mi domicilio para mantener expedita la entrada y salida de vehículos. Pero abundan los abusivos que ignoran la señal y obstruyen nomás el paso. Tras aparcar sus motorizados donde no deben, los más desconsiderados desaparecen por rato largo. Con la bronca apenas contenida, hay que armarse de mucha paciencia a la espera de su vuelta hechos los despistados. Entre el vecindario tampoco faltan los que sacan de paseo a sus perritos que dejan sus excrementos por doquier porque sus amos no llevan consigo bolsitas para recogerlos. Son dos casos ilustrativos de mala vecindad.

 Esas prácticas, -junto a otras incluso peores-, se multiplican. Es fácilmente comprobable que gran parte de una ciudadanía numerosa y diversa como la nuestra, no sigue la línea de conducta que demanda la convivencia civilizada. El vivir en paz y en armonía resulta utópico. Incluso va a contramano de la hospitalidad proclamada como ley de los cruceños a los cuatro vientos.

 Urge un cambio de actitud. De comportamiento. La vida en comunidad es un pilar de la existencia humana. Implica el desarrollo y la puesta en práctica de una serie de acciones personales basadas en el respeto mutuo, en la solidaridad, la cordialidad y la tolerancia. Esos rasgos, entre otros, son esenciales para una existencia social armónica y pacífica. Desterrando malos hábitos, aprendamos a cultivar esos valores y aplicarlos para vivir en mejores condiciones. Hace falta un esfuerzo en ese sentido.

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