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Cara a Cara

23 de octubre de 2022, 4:00 AM
23 de octubre de 2022, 4:00 AM

Un refrán popular sentencia que “no hay peor sordo que el que no quiere oír”. Otro que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Pueden ser aplicables a gobernantes que, como si vivieran en el país de las maravillas, se muestran ajenos e imperturbables mientras las tensiones carcomen los nervios de sus gobernados por la incertidumbre y la deflagración violenta. Como ha ocurrido en el fronterizo Puerto Quijarro, donde perdió la vida un participante de la protesta por el Censo. Que, según el testimonio de los suyos, fue obligado a acudir, al igual que numerosos funcionarios públicos, bajo amenaza de perder su fuente de trabajo. O como el brutal ataque perpetrado contra un equipo de prensa por hordas reclutadas para agredir a mansalva en medio de la vigilia ciudadana.

 Una demanda legítima como la cruceña por un censo oportuno y transparente en 2023, resuelta en un cabildo y que va cuajando en otras regiones del país, detonó una grave crisis que pudo y debió haberse evitado. Es probable que la claque palaciega y algún parlanchín y embustero del entorno impidieron al jefe de Estado tener una correcta interpretación de los hechos. De lo que está pasando en Bolivia. Acaso por eso, como en la delicada coyuntura actual, hace mutis por el foro cuando no recurre a argumentos rebatibles. Como los de unos supuestos afanes desestabilizadores en su contra. Cuando la demanda clamorosa es que gobierne para todos y cumpla la mejor gestión que le sea posible. Se lo podrán reconocer hasta quienes no le dieron su voto.

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