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Cara a Cara

27 de octubre de 2022, 4:00 AM
27 de octubre de 2022, 4:00 AM

En el país de las amenazas todos perdemos. Especialistas en tiro al pie, los días transitan ruidosos y con pocas nueces. Lejos quedaron los que pregonaban (de verdad) la unidad y el diálogo. Hoy quien grite más fuerte cree que se escuchará más lejos, sin embargo, quien escuche mejor es el primero en entender que no es por ahí la salida. Imponer no es consensuar. Mientras más amenazas haya, más organizados y fortalecidos estarán a quienes se pretendan presionar. Es tan fácil entender que quien sufre es el país, que pareciera darles vergüenza reconocerlo. Una pista para entender el hueso del problema es tomar conciencia definitiva que la bolivianidad está en Santa Cruz.

 Y entre paros, demandas y rencillas no olvidemos que hay otras cosas que siguen pasando. Una sola oficina por ejemplo de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia recibe denuncias de maltratos y violencia de género, ¿y las demás? Los casos de violencia física y sicológica, amenazas y feminicidios no han detenido su saña. Bolivia sigue entre los países más violentos del mundo y no pasa nada. Los legisladores se ahogan en un mar de entuertos sin fondo, no arreglan ni debaten siquiera ni este ni el otro problema de la gente.

 Se va octubre y llega el Mundial en noviembre y para hablar de cosas más redondas, las expectativas siguen ahí. Antes, la final de la Copa Libertadores de América nos dará un disfrute especial este sábado y luego deberá terminar el torneo local para entrar en tema, pero con otra camiseta.

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