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Cara a Cara

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28 de octubre de 2022, 4:00 AM
28 de octubre de 2022, 4:00 AM

Otra vez están subestimando a Santa Cruz. Y no la conocen. Ya la han visto en acción en dos o tres ocasiones en el pasado, pero no aprenden. Se aferran ingenuamente a la ilusión de que la pueden someter a fuerza de presión, amenazas, o trasladando habitantes del occidente con sus dientes apretando watos u ofreciendo puños de manera infantil y hasta de caricatura, que a esa edad más que miedo dan pena por cómo son manipulados.

 Para conocer a Santa Cruz no basta con llegar de vez en cuando o instalarse por unos días en un hotel y hacer un tour de medios repitiendo incansablemente la misma historia mareaperdiz del sofista. Ni crear fáciles eslogans mentirosos concebidos en cabezas cubiertas de coloridas sedas para después entregarlas como panfleto a los ‘hermanos’ originarios con quienes no tienen nada en común ni comparten nada más que una complicidad de mutuos favores por el poder.

 Nunca entenderán que las luchas acá no necesitan de rocas gigantes que ruedan por los cerros y caen pesadamente sobre el asfalto y hunden las líneas blancas y amarillas de las carreteras, ni con estribillos de cánticos trasnochados del trotskismo sesentero. Las noches de rotonda son más alegres y divertidas con taquirari o chovena festiva de banda de tres integrantes. Por eso pueden quedarse dos, tres semanas sin sufrirla. Si alguna vez fue ingenua, eso se acabó. Santa Cruz es otra cosa, a fuerza de tanto engaño del pasado ha madurado tanto, que ya no da para subestimar.

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