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1 de noviembre de 2022, 4:00 AM
1 de noviembre de 2022, 4:00 AM

En toda guerra, la primera víctima es la verdad, suele decirse. Y es verdad. En el conflicto generado por la demanda cruceña de Censo el 2023, la verdad es una de las víctimas que muere una y otra vez. En estos días por lo menos yo he leído y escuchado muchas mentiras. Como aquella expresión que decía ‘entre la propuesta del Comité cruceño y la del Gobierno hay solo un mes de diferencia’. El valor de la lengua es tan grande que hace magia. Magia negra. Por eso es tan importante. El número ilusionista posterior fue escuchar a todo dirigente sindical, comunitario, campesino, indígena o gremial simpatizante o militante del MAS decir ‘¡Cómo pues van a bloquear, si la diferencia del Censo es de un mes’! Solo había que hacer el esfuerzo de mirar unas horas TVB para escuchar todos esos testimonios recogidos que repetían militantemente la consigna del supuesto mes de diferencia.

 Otra de las mentiras, que repitió incansablemente una ministra de Estado, es atribuirle al movimiento cruceño por el Censo una motivación de odio a los ‘hermanos de las provincias, indígenas o migrantes que también son cruceños’. Si lo dice tantas veces la hermana ministra, cierto debe ser. Por tanto, ‘los cambas nos odian’. Ergo, luchemos contra ellos, hagamos cercos, mandemos marchas, cortemos el gas y carburantes, bloqueemos el ingreso del vertedero de residuos sólidos y que se hundan en la basura y sus malos olores. Ay la manipulación de las palabras y los sentidos. Más peligrosa y destructora que dron iraní lanzado por Rusia a Ucrania.

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