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Cara a Cara

8 de noviembre de 2022, 4:00 AM
8 de noviembre de 2022, 4:00 AM

Todo es causa y efecto. Lo que ocurre en este momento, en el país y en el MAS, es consecuencia de dos años de una gestión gubernamental que se aleja cada vez más de las razones que hicieron que Luis Arce Catacora y David Choquehuanca ganen con el 55% de los votos en 2020. Hay que recordar que el triunfo se lo dio la clase media, esa misma que después fue abandonada y, en muchos momentos, despreciada por la dupla. El presidente no aquilató el tesoro político que recibía. Sucumbió ante el rencor y el deseo de venganza, así se alejó de la imprescindible reconciliación nacional.

 Tampoco logró hacer una buena gestión económica. Administrar la bonanza de cuando era ministro no es lo mismo que gestionar la crisis (Bolivia no está al margen de lo que pasa en el mundo). Entonces, Luis Arce optó por la vía rápida del endeudamiento interno y externo; por vaciar las Reservas Internacionales, sin siquiera pensar que hacía falta austeridad o que era necesario aunar esfuerzos estatales y privados para sacar adelante al país. Puso trabas a las exportaciones, se rehusó a reunirse con empresarios privados, mientras la falta de liquidez lo fue asfixiando.

El voto democrático le dio el poder, pero al manejarlo se olvidó de escuchar al pueblo. Es así que pretendió desconocer la voluntad ciudadana, el pedido de censo. Y aquí estamos. Con una protesta cruceña que ya es nacional, en una de sus horas más difíciles. Y, por si fuera poco, con la constatación de que sus principales oponentes están en su propia casa, el MAS. Hoy se cumplen dos años y lejos de celebrar, el mandatario tiene muchos incendios que apagar.

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