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Cara a Cara

9 de noviembre de 2022, 4:00 AM
9 de noviembre de 2022, 4:00 AM

El ‘conflicto del absurdo’ por el Censo se prolonga y Santa Cruz mantiene firme una demanda ya extendida al resto del país. Ignorando lo que ocurre, como si viviera en otra galaxia, el presidente ha iniciado su tercer año al mando de la nave del Estado, cuyo rumbo es incapaz de corregir sobre aguas agitadas. Mientras, entre más dudas que certezas, sigue el trabajo de unas mesas técnicas instaladas para ejercicios que, por cálculos e intereses políticos apenas disimulados, resultan inútiles.

 Por un censo, en ninguna parte del planeta se llegó a extremos como los que la miopía y tozudez del Gobierno han llevado a Bolivia. Este ‘conflicto del absurdo’ desató una torpe arremetida contra Santa Cruz. Pero ni la violencia, ni los cercos, ni el desabastecimiento, ni el freno a su aparato productivo ni la prohibición de sus exportaciones han doblegado el espíritu rebelde e indómito de cruceños y cruceñas, cuya causa han hecho suya otras regiones. Porque los beneficios de un censo oportuno y transparente son para todos los bolivianos.

Este ‘conflicto del absurdo’ muestra lo peor de varios actores en papeles estelares. El reparto lo encabeza el jefe de Estado que, desde el primer capítulo de la enmarañada trama, ha tenido en sus manos la solución del problema. Pero no mostró ninguna voluntad de aplicarla. Al contrario, él y sus colaboradores, en vez de asumirlas, pretenden descargar culpas y responsabilidades en otros. Y, en lugar de sofocarlas, atizan las llamas de la conflictividad. La historia se encargará de juzgar sus actos.

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