Opinión

OPINIÓN

Cara a Cara

17 de noviembre de 2022, 4:00 AM
17 de noviembre de 2022, 4:00 AM

El mundo había sido mucho más ancho y ajeno que el que imaginan los que intentan retener el agua entre los dedos. Hay que referirse a quienes se creen dueños de Bolivia, pensando que aún subsiste el Tahuantinsuyo, a los que pretenden expulsar a quien tiene un apellido extranjero por ser migrante en Santa Cruz. Hay que hablar de los que sesgan y no incluyen porque no conocen y porque solo buscan someter al diferente. Lo que nadie puede negar a estas alturas es que este departamento ya no solo es la locomotora económica de Bolivia, ya es el epicentro político porque lo que aquí se demanda tiene gravitación nacional y repercute en todo el país. No es para menos. Un tercio del país vive en estas tierras y no lo hace a disgusto. Nací en La Paz, en mi corazón late el alma cruceña y me siento tan boliviana como cualquiera. Decenas de miles de los que llegaron a Santa Cruz han emprendido y les ha ido bien. Conocen y valoran lo que es la libertad económica, la libertad de pensamiento. Ya no es tiempo de totalitarismo. La libertad es como la vida, permanece a pesar de todas las piedras que le ponen en el camino.

 La ciudadanía, expresada en el cabildo más grande de la historia, es la protagonista de este momento. Ya decía un vecino: no es Camacho ni es Calvo, somos todos. No son ovejas porque en cada rotonda se sabe muy bien por qué es el paro y si no entienden algo, lo preguntan hasta saberlo. Esa gente merece respeto del Gobierno, pero también se merece líderes formados y visionarios; en síntesis, que den la talla para semejante energía social.

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