Opinión

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Cara a Cara

18 de noviembre de 2022, 4:00 AM
18 de noviembre de 2022, 4:00 AM

Cuando pierdes la credibilidad, difícilmente la recuperas. Eso le está ocurriendo al ministro de Planificación, Sergio Cusicanqui. El jueves 23 de junio pasado le juró en mil idiomas a la Asamblea Legislativa que todo estaba en orden para hacer el censo el 16 de noviembre de 2022. Durante el paro indefinido cruceño repitió en forma incansable que técnicamente no es posible hacer el censo el 2023 sino el 2024. El domingo 13 de noviembre reciente, minutos antes del cabildo improvisó una apurada conferencia de prensa para decir que los resultados de población del censo estarán listos en diciembre de 2024, para que el Órgano Electoral pueda considerarlos y aplicar la redistribución de escaños parlamentarios en las elecciones de 2025.

 Este jueves 17, el Tribunal Supremo Electoral ha salido a advertir que si les entregan los datos oficiales de población del censo en diciembre de 2024 como dijo el ministro, no les alcanzará el tiempo para asignar los escaños en las elecciones de 2025. Minutos después, volvió a aparecer en escena el ministro Cusicanqui para anunciar que el INE que él maneja -y que no tiene director ni funcionarios eficientes- puede entregar los resultados oficiales en septiembre de 2024, es decir, tres meses antes de lo que él mismo dijo cuatro días antes, es decir, dos años antes del 2026 como inicialmente dijo, es decir, un año antes de lo que también antes había anunciado. Y ahora, ¿a cuál de los plazos del ministro le creemos? O a ninguno. ¿Ve ministro que no era una cuestión técnica sino política esto de los tiempos del censo y sus resultados?

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