Opinión

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Cara a Cara

22 de noviembre de 2022, 4:00 AM
22 de noviembre de 2022, 4:00 AM

El valor de la palabra es la gran deuda del MAS y del Gobierno de Luis Arce con Santa Cruz y con Bolivia. Cuando un marido golpea muchas veces a su esposa y después corre con flores a pedirle perdón, es posible que sea aceptado una o dos veces, pero a la tercera prevalecerá la certeza de que él ya no es una persona confiable y que se puede transformar en un monstruo violento en cualquier momento. Valga el ejemplo para graficar lo que se le hizo a los cruceños desde el poder. En vez de escuchar y buscar acuerdos, mandaron grupos de choque, ordenaron cercos para impedir el paso de comida, cortaron el suministro de combustibles y hasta prohibieron las exportaciones.

 Tras negar el adelanto de fechas del censo y resultados durante meses, ahora el MAS dice que es posible redistribuir recursos y escaños en 2024 y antes de las elecciones. Pero decirlo ya no alcanza, ahora se necesita una ley. La demanda es que la ley sea tan específica que no deje lugar a dudas, a engaños o a interpretaciones antojadizas en el futuro. Así es ahora y probablemente esa falta de fe prevalezca en lo sucesivo y en otros temas.

No hay confianza tampoco porque quienes agredieron a los que pedían censo no son castigados, como lo son quienes se oponen. A los golpeadores de periodistas apenas se los toca; al contrario, se los deja en la casi impunidad. Y a los policías que actuaron contra la sociedad civil ni siquiera se les hace un llamado de atención. Así, puede haber muchas rosas en apariencia, pero en los hechos prevalece la imagen del abusivo.

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