Opinión

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Cara a Cara

9 de diciembre de 2022, 4:00 AM
9 de diciembre de 2022, 4:00 AM

Al presidente se le complica el panorama. Sobre todo, para el estilo de gobernar del MAS, acostumbrado a la imposición de normas en el Legislativo, sin dar chance a concertar con la oposición. Pues resulta que la bancada oficialista (léase renovadora o ‘arcista’) es minoría en la Cámara de Diputados y sus votos no alcanzaron para aprobar el Presupuesto General del Estado, que es el plan estratégico para afrontar los días de crisis que se avecinan el próximo año. Los evistas bloquearon la ley e hicieron observaciones al documento. La oposición también cuestiona, ya que se sigue asignando cuantiosas sumas a empresas estatales deficitarias, mientras las Reservas Internacionales merman cada día más.

 Las diferencias entre Luis Arce y Evo Morales los ponen como el agua y el aceite. El expresidente llama traidor a su sucesor, mientras que el actual ya declara abiertamente que gente de su partido lo pretende desestabilizar. Para allanar el camino, uno de ellos tendrá que ceder terreno y, que lo haga el presidente, significará someterse al mando del jefe de su partido, quien ya demostró que el diálogo no es lo suyo. Ese camino no es sencillo y puede debilitar sus aspiraciones de reelección en 2025. Por ahora, el mejor camino parece ser la vía de la democracia, aprender a escuchar y a concertar con la oposición, aunque para ello tenga que lidiar con las acusaciones de los evistas. Si se aferra a un principio, ese debería ser la capacidad de escuchar, revisar y reencaminar sus acciones para lograr apoyo. Obviamente, también tendrá que acabar el acoso a los opositores que se atreven a pensar diferente.

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