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Cara a Cara

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20 de diciembre de 2022, 7:00 AM
20 de diciembre de 2022, 7:00 AM

Bolivia cierra el año con cifras macroeconómicas controladas, pero con realidades fuera del marco que ven el presidente y sus ministros. En esta edición se publica un informe sobre el desempleo de los jóvenes. Los porcentajes se duplicaron en la última década. Si la falta de trabajo afecta a todos, es más dura con la población de menor edad. Peor aún si se trata de mujeres, porque aparte de que se les brinda menos oportunidades, reciben salarios inferiores.

 El mayor generador de empleo es el sector privado de la economía. Los que cumplen con la ley son castigados con impuestos y condiciones laborales duras y caras. En cambio, en el sector informal ni siquiera se llega a pagar el salario mínimo nacional y menos se dan condiciones de seguridad social, vacaciones, estabilidad de empleo, etc. En este ámbito, los empleadores se enriquecen a costa de mano de obra barata sin que le importe al Gobierno.

 La ecuación parecería clara. El Estado tendría que fomentar la generación de empleo formal, para que el grueso de la población goce de bienestar y seguridad laboral. Pero se hace todo lo contrario en Bolivia. El empleo es cada vez más precario y la oferta se va reduciendo año tras año.

 El Estado también es generador de trabajo. El problema es que estos espacios se dan a militantes y hay denuncias de que, para acceder a ellos, se llega incluso a pagar (casos denunciados en la Alcaldía cruceña). Con todo, pareciera que Bolivia es el mundo del revés. El problema es que esto no es sostenible. ¿Qué planes tendrá el Gobierno para revertir esta realidad?

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