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Cara a Cara

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4 de enero de 2023, 7:00 AM
4 de enero de 2023, 7:00 AM

Bolivia ha comenzado con el pie izquierdo su andadura este 2023 después de haber despedido en 2022 un año de escasa ventura. La conflictividad crece como bola de nieve, particularmente por la violencia desatada en Santa Cruz y que halló caldo de cultivo sustancioso en el secuestro y encarcelamiento del gobernador Luis Fernando Camacho, en una relación cada vez más tirante y desgastada entre el Gobierno central y la región más rebelde, levantisca e influyente del territorio nacional.

 El presidente Arce parece haber priorizado la política partidaria por encima de los intereses del Estado y de la necesidad de atención de los problemas de sus ciudadanos, sin excepción alguna. Se mantiene ajeno e imperturbable mientras se agravan las cosas. Parece no haber reparado en la inminencia de un estallido social de consecuencias imprevisibles. En una coyuntura de suma gravedad, la actitud de Arce Catacora puede provocar el mismo efecto de una chispa cerca del polvorín.

 La incertidumbre perturba a los bolivianos porque a los conflictos sociales se suma una crisis que puede golpear duro a la economía nacional, la segunda del planeta detrás de China y causa de envidia de otros países, según se ufanó el jefe de Estado que aún no parece estar al tanto de que Argentina agiliza dos proyectos para sustituir el gas boliviano ni del calificativo de ‘improductiva’ y ‘excluyente’ que la empresa privada ha aplicado a su relación con el Ejecutivo. Ojalá que cuanto antes sea dado el golpe de timón que corrija el rumbo errático que lleva el país en el nuevo año.

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