27 de abril de 2023, 4:00 AM
27 de abril de 2023, 4:00 AM

Había una vez un país que soñaba en convertirse en el centro energético del continente porque, según se decía, sus reservas hidrocarburíferas eran de ensueño. Hasta se libró una guerra del gas para exigir que ni una sola molécula de esa riqueza pueda abastecer a los chicos malos del vecindario. En esas circunstancias se aprobó la Ley de Hidrocarburos, año 2005, para ser exactos. Después de ese momento, sucedieron hechos trascendentales: entró un nuevo gobierno que nacionalizó todo lo que se movía; luego se vendieron grandes volúmenes de gas, pero sólo a dos países del continente, el resto se quedó para consumo interno a precios subvencionados; a partir de 2014, las reservas de ensueño comenzaron a caer estrepitosamente, al punto de convertir el sueño en pesadilla, pues ahora ese país importa más energéticos de lo que exporta, esto también a precios subvencionados. Todo aquello sucedió bajo la mismísima ley aprobada en aquel tiempo. La dura realidad actual indica que la energía que une y unirá a este país en los próximos años seguirá siendo el gas y el petróleo. ¿Hará falta actualizar la ley anquilosada?

Ahora un cuento futurista. La inteligencia artificial sigue causando furor en el mundo entero, pese a sus imprecisiones, pese a que se nutre de plagiar a grandes pensadores y a otros que no piensan tanto, y pese a los riesgos que conlleva sin que exista un marco regulatorio para su funcionamiento. Lo cierto es que hasta en Bolivia ya se la utilizó en un asunto judicial. ¡Uy, pero qué buena idea! Ya que no fue posible recolectar la suficiente cantidad de firmas para enderezar la justicia boliviana, ¿no será que podemos darle vacaciones indefinidas a todas las joyitas que la manejan y poner en su lugar inteligencia artificial? Parece lo más natural.

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