11 de mayo de 2023, 4:00 AM
11 de mayo de 2023, 4:00 AM

Antes de los micros, los cruceños nos movíamos en colectivos. Por mi calle pasaba la línea verde, y una cuadra más allá, la azul. Daba lo mismo tomar una o la otra, pues ambas iban al centro, que era donde se concentraba toda la acción del pueblo. Varias décadas después, el pueblo creció y se desconcentró. El transporte público también creció, pero no pudo cortar su cordón umbilical con el centro. Ahora, uno puede tomar la línea verde oscura o la verde clarito, o la verde con amarillo, o la azul con verde, y todas irán al centro indefectiblemente.

 La única innovación en el transporte ha sido la incorporación de los vuelteros. En cada anillo hay líneas que circulan en un sentido y en el otro. Las del segundo anillo son mis favoritas porque allí pillo asiento, aunque es posible que antes de terminar mi recorrido en semicírculo, suban unos 20 estudiantes universitarios y me obliguen a pensar cómo le hago para bajar. No puedo decir lo mismo de las cuatro líneas que circulan por los terceros anillos: ahí siempre he viajado como chancho al matadero. Y el vueltero del cuarto anillo sería bastante rápido si se mantuviera en su ruta circular, algo que no hace porque incursiona a los barrios en busca de pavos

 Otra de las cosas que se mantiene invariable a lo largo de los años son los intentos de la Alcaldía por reordenar el transporte público. No es nada fácil lidiar con un gremio que se ha repartido los centenares de barrios cruceños para sus micros multicolores, así con sus rutas concéntricas y vuelteras, así con sus ineficiencias, así con su incapacidad de siquiera permitir un transbordo entre sus propias líneas. ¿Quién tiene la varita mágica para romper el círculo vicioso?

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