16 de mayo de 2023, 4:00 AM
16 de mayo de 2023, 4:00 AM

Para las que no pudieron gritar. La escritora E. Jean Carroll al final pudo gritar su verdad para desahogarse y tratar de aliviar las heridas emocionales causadas por la agresión sexual que sufrió a manos de un hombre poderoso llamado Donald Trump. Era un grito que reprimió durante casi 30 años, porque no es nada fácil para las víctimas de abusos sexuales salir a denunciar a sus agresores. Sencillamente, llevan las de perder. Incluso, a estas alturas, lo primero que los abogados de Trump le preguntaron a Carroll fue: por qué ella no gritó para pedir ayuda, si la agresión sucedió en el vestidor de una concurrida tienda. Menos mal que el jurado de este caso entendió el estado de shock que puede paralizar a las víctimas y encontró suficientes evidencias para darle a la escritora un fallo favorable. Trump debe pagarle 5 millones de dólares.

 La reivindicación de Carroll no hubiera sido posible si no se abría una ventana de oportunidad para que las víctimas de delitos sexuales puedan buscar justicia por hechos que ya prescribieron. Fue la ciudad de Nueva York la que abrió este resquicio jurídico, entendiendo que son muchísimas las víctimas que han sobrellevado su dolor de manera silenciosa. Aquí en Bolivia, el Gobierno acaba de anunciar un proyecto de ley que busca similares propósitos. Buena medida, aunque habrá que ver si el sistema boliviano es capaz de brindar protección, debido proceso e indemnización. Deben ser miles y miles de niños y niñas –ahora adultos– que han sufrido algún tipo de abuso a manos de pederastas que se aprovecharon de su vulnerabilidad. Y no sólo en las escuelas, sino también en el entorno de familiares y amigos.

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