30 de mayo de 2023, 4:00 AM
30 de mayo de 2023, 4:00 AM

La muerte del interventor del Banco Fassil engrosa la lista de hechos confusos en los que han perdido la vida personas que manejaban información delicada sobre asuntos o figuras relevantes. Son casos aún no esclarecidos. Quedan grandes dudas: ¿Fue homicidio, suicidio, accidente? Si fue lo primero, ¿lo mataron para que no se sepa una verdad incriminatoria para algún círculo de poder? ¿Lo mataron quienes eran objetos de alguna investigación en la justicia? ¿Lo mataron los de un bando para que se pueda inculpar a los de otro bando? ¿A quiénes favorecía su silenciamiento? La opinión pública comienza a tejer todo tipo de conjeturas porque ya no confía en que la justicia pueda resolver nada, y porque ya no confía ni en personas ni en instituciones. No se puede poner las manos al fuego por nadie.

 La corrupción, la falta de transparencia y la alta polarización política tienen mucho que ver con esa desconfianza instalada en la gente en estos momentos. Cómo confiar en algo cuando la verdad se oculta en la nebulosa de esos tres males que aquejan a la sociedad en su conjunto. Hay que tener cuidado porque éste es el ambiente preferido de las mafias, del crimen organizado. Las mafias buscan ser invisibles; se incrustan en las instituciones y perfeccionan el arte de delinquir impunemente, según comentan quienes viven en países donde los mafiosos han consolidado su sistema de poder criminal. Ojalá no sea el caso de Bolivia. Pero los hechos no resueltos deberán esclarecerse para ir descartando la posibilidad de esa tenebrosa metástasis.

Tags