20 de junio de 2023, 4:00 AM
20 de junio de 2023, 4:00 AM

Alguien lo iba a hacer tarde o temprano. Alguien con un mínimo de credenciales y de sentido común tenía que proponer una nueva Constitución o alguna reforma piadosa para reformular la lamentable Constitución que nos legó el MAS. Lo hizo Goni –quizás el que menor aceptación tenga entre potenciales reformistas–, porque, como él mismo dice en el preámbulo, se necesita una visión que, “sin ser unánime, coincida en lo sustancial y esté desprovista de las verdades absolutas que nos conducen a la división y al fracaso”.

Y vaya que la CPE actual está plagada de verdades absolutas. Se la concibió con el pecado original de un partido político que pensó que su abrumadora victoria en las urnas le daba el derecho a imponer una visión única de país. En vez de utilizar su popularidad para buscar consensos, el MAS hizo lo contrario. Dividió con criterio absolutista. Tachó la historia republicana como si toda hubiera sido mala. Se llenó la boca de pluralidad, pero creó diferentes categorías de ciudadanos. En cuestiones de forma, la Constitución masista está muy mal escrita, tiene un preámbulo de novela trillada; su extensión exagerada (de 411 artículos) la rebaja a rango de ley común, cuando debió limitarse a principios fundamentales. Y no hay que ser abogado para darse cuenta de sus ambigüedades y contradicciones.

La propuesta constitucional de Goni, sin ser la panacea, no incurre en los excesos arriba mencionados. Su redacción es técnica, limpia, sencilla, no rimbombante. Y en el fondo, propone un nuevo modelo, muy debatible, por cierto. Pero es que así se aprueban las constituciones: con debate, no con imposiciones. Aunque se demore décadas en llegar a consensos.

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