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Cara a cara

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25 de junio de 2023, 4:00 AM
25 de junio de 2023, 4:00 AM

El mundo entero estuvo en vilo por el desenlace de los cinco intrépidos aventureros que bajaban a las profundidades del Atlántico para observar los restos del Titanic. Todos esperábamos que los equipos de rescate los hubieran encontrado con vida, que sólo se hubiera tratado de un simple atascamiento en las ruinas del barco y que iban a poder ascender a la superficie con las últimas bocanadas de oxígeno. Pero no fue así. Lo más probable es que el sumergible no resistió la presión de varias toneladas por centímetro cuadrado que el agua ejercía sobre sus paredes. Dicen que la nave hizo implosión, un término poco común para un mundo que más sabe de explosiones.

Las profundidades del mar todavía encierran grandes misterios para la humanidad, justamente porque es tan complicado, riesgoso y caro llegar hasta allá. Apenas desde hace algunos años, los millonarios se están dando el gusto de explorar ese universo desconocido sólo por diversión, pero la comunidad científica lo viene haciendo desde hace décadas. La gran diferencia es que los científicos utilizan sumergibles certificados, cuyas gruesas paredes –hechas de titanio puro– ya se han sometido a las presiones submarinas miles de veces.

Las paredes de la nave siniestrada, en cambio, combinaban el titanio con fibra de carbono, una ‘innovación’ que no había sido probada lo suficiente y que, por ende, no contaba con certificación. Esta supuesta innovación obedecía a una necesidad de bajar costos para poder atraer a una mayor cantidad de aventureros millonarios. Con esta tragedia, el espíritu explorador del ser humano ha sufrido un revés que obliga a replantear las cosas. Ojalá se lo haga sobre la base del conocimiento previo. No se puede saltar etapas.

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