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Cara a cara

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27 de junio de 2023, 4:00 AM
27 de junio de 2023, 4:00 AM

La ética periodística ayuda al periodista a identificar situaciones en las que la cobertura informativa puede vulnerar los derechos de las personas involucradas. Resulta particularmente útil cuando los protagonistas del hecho noticioso son menores de edad. Ahí encajan las directrices de respetar el derecho a la privacidad de las víctimas, la presunción de inocencia de los acusados y la protección de sus identidades (porque, además, la ley así lo exige). Tratándose de menores, incluso recomiendan evitar cualquier mención que permita identificarlos de manera indirecta. Mencionar colegio, curso, domicilio, rasgos físicos o el nombre de algún allegado ya es suficiente para marcar a alguien e incluso para estigmatizar a otros niños que no tienen nada que ver en el asunto.

 En honor a la verdad, el periodismo nunca ha estado exento de fallas en materia de ética periodística. Tampoco sirve de consuelo que en estas épocas de redes sociales ya prácticamente no exista una autorregulación que evite dañar a las personas injustamente. Ahora todos son comunicadores, aunque no hayan leído un manual de ética periodística ni por el forro. Algunos quizá son conscientes de que la difusión de un dato puede causar un estigma permanente, incluso una muerte civil. Pero igual lo comparten con familiares y amigos, porque no reparan en el efecto pernicioso de la viralidad. Aquí no se trata de proteger a quienes han cometido un delito; que la justicia se ocupe de darles el castigo que se merecen. En algún momento, sin embargo, la sociedad deberá reflexionar y darse cuenta de que los comunicadores no pueden condenar con ligereza a que las personas caminen por la vida con su letra escarlata.

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