18 de julio de 2023, 4:00 AM
18 de julio de 2023, 4:00 AM

La humanidad da señales preocupantes en el sentido de que hay ciudadanos de primera y de segunda. Y, a veces, ni siquiera eso, como es el caso de los migrantes que escapan de sus países destruidos y buscan que otros los acojan. Ellos ni siquiera tienen carta de ciudadanía. Sin embargo, el drama de esta gente apátrida va más allá de tener o no papeles migratorios. Su mayor desgracia es no ser importantes para la humanidad.

Esta triste realidad nos la hace ver la poetisa Amanda Gorman, cuya sublime capacidad para escribir poemas ahora la utilizó para reflexionar a los humanos sobre el trato diferenciado que se les dispensó a los cinco millonarios que perecieron en el sumergible OceanGate, tratando de llegar al Titanic, y a los más de 600 migrantes cuyo bote bautizado Adriana volcó en el mar Mediterráneo en una oscura noche, tratando de llegar a Grecia.

En el primer caso, varios países gastaron recursos y se movilizaron para tratar de encontrar con vida a esos cinco exploradores. En cambio, algunos países, sabiendo que ese bote abarrotado de hombres mujeres y niños corría el riesgo de naufragar, no hicieron nada. Y sucedió lo que se temía: una especie de naufragio a lo Titanic, igual de atroz, pero menos célebre. Y el resto de la humanidad tampoco le dio mucha importancia a esa pérdida de seres humanos. En su artículo, Amanda Gorman citó un titular de prensa que lo dice todo: “Cinco muertes en el mar conmovieron al mundo. Cientos de otras muertes sólo obtuvieron una encogida de hombros”.

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