20 de julio de 2023, 4:00 AM
20 de julio de 2023, 4:00 AM

Vivir en tranquilidad, armonía y respeto en Santa Cruz de la Sierra se ha convertido en quimera difícil de alcanzar. Bajo el peso de la ‘modernidad’, del abuso y de malos hábitos incorporados, esas condiciones han desaparecido casi del todo. Como la vieja y pequeña ‘amable ciudad’ de nuestros ancestros y de los gratos recuerdos. Donde la vida discurría apacible. Sin angustias ni sobresaltos. Con un crecimiento acelerado y descontrolado, la capital cruceña se ha convertido en la más poblada del país. Y también en la que más problemas registra en comparación con sus pares del eje central del país. Suficiente mencionar la inseguridad, la caótica circulación vehicular, el mal servicio de transporte público y la ocupación arbitraria de espacios urbanos.

Las cosas se complican más cuando un vecindario abigarrado y diverso como el nuestro, no observa las reglas básicas para la convivencia en comunidad donde es necesario entender que muchas de las decisiones propias pueden afectar a los demás. Tener comportamientos ‘prosociales’ es fundamental para los seres humanos y su vida en sociedad. Quienes actúan de manera ‘prosocial’ suelen ser más felices, más saludables y vivir más años. Un buen vecino hace más fácil la vida en común. En cambio, el que parquea donde obstruye el paso de ingreso, se estaciona en doble fila e impide la fluidez del tránsito, tira basura a la calle o saca a pasear su perro y no recoge su ‘popó’ para depositarlo en el lugar adecuado, es un mal vecino. Y hace la vida imposible al prójimo e ‘invivible’ la ciudad.

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