4 de agosto de 2023, 4:00 AM
4 de agosto de 2023, 4:00 AM

Hace años, la redacción de EL DEBER, incluido el suscrito, participó en un taller de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Fueron jornadas intensas que, bajo el título de Prensa y Crimen, dirigieron dos periodistas mexicanos con experiencia en la materia. Debe tomarse en cuenta que, por el accionar violento e irrefrenable del crimen organizado, el ejercicio periodístico en México se ha convertido en el oficio más peligroso del planeta. En ese país, el crimen organizado se extiende a lo largo del 81% de su territorio en donde más de 100 millones de mexicanos viven en riesgo potencial. Como el que corrieron cientos de periodistas asesinados por informar y/o investigar sobre el narcotráfico y sus ‘capos’.

 Uno de los expositores del taller afirmó entonces que Bolivia constituía “terreno fértil” para el avance del crimen organizado que se desplaza en dirección del ‘negocio’. No obstante, las autoridades de turno rechazaban sin más la presencia de grupos criminales. Como carteles de la droga operando en territorio nacional y, lejos de admitirla, se referían a la actividad de simples ‘emisarios’.

 El bullante caso relacionado con un ‘narco’ uruguayo señalado como líder de una organización internacional de tráfico de drogas y que vivía muy a sus anchas en Bolivia antes de darse a la fuga burlando a las fuerzas del orden, es muy grave. Ha pasado de ser un conflicto policial a uno de seguridad nacional. Que esta vez el Gobierno se lo tome muy en serio porque puede comenzar a tomar cuerpo la amenaza contra la viabilidad del Estado y del régimen democrático.

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