20 de agosto de 2023, 4:00 AM
20 de agosto de 2023, 4:00 AM

Vivimos en tiempos de furia. Pensamos –equivocadamente– que todo se puede resolver con reacciones salvajes y extremas. Las ‘fuerzas del orden’ aplican más seguido la fuerza que el orden, especialmente cuando tienen el ojo en tinta. Huidas como las de Marset, por ejemplo, desencadenan rudos allanamientos y detenciones, pero por cada narco que agarran, maltratan a numerosos inocentes. Y se atreven a maltratar incluso a menores de edad, como ocurrió cuando irrumpieron una ‘confra’ estudiantil en busca de un inculpado.

Los ciudadanos de a pie también cometen salvajadas. Unos bloquean vías exigiendo que una carretera en proyecto pase por donde ellos quieren, sin importar que ese trazado afecta los acuíferos que abastecen de agua a toda una metrópolis. Y en la ciudad, hay vecinos que han bloqueado la entrada y salida de una urbanización cerrada, porque, según ellos, las aguas pluviales que salen de allí inundan su barrio aledaño. En ambos casos, si tuvieran un poco de consideración hacia el prójimo, se molestarían en tratar de entender los aspectos técnicos del problema, antes de tomar sus medidas salvajes.

La tercera ley de Newton también aplica al comportamiento humano, como la historia lo corrobora. Esa ley dice que por cada acción hay una reacción igual y opuesta, refiriéndose a la aplicación de fuerzas. La violencia genera violencia, ojo por ojo, etc., sería el equivalente para el comportamiento. Y aplicada a la política, la idea queda más o menos así: por cada zurdo comunista siempre hay un Milei derechista, y viceversa. Hace falta una pizca de moderación en estos tiempos de posiciones extremas e irracionales.  

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