27 de septiembre de 2023, 4:00 AM
27 de septiembre de 2023, 4:00 AM

Con motivo de la gesta cívica departamental, los homenajes fueron diversos, en especial durante el 24 de septiembre. Bajo el sol ardiente de esa jornada, el Club Willys de Santa Cruz reunió a un buen número de sus asociados que, en caravana, circularon alrededor de casi todo el segundo anillo de circunvalación antes de ingresar al primero a la altura del Cristo Redentor. Lo hicieron conduciendo los legendarios jeeps y llamando la atención a su paso.

 El acto de los “willyseros” consistía en una ofrenda floral al pie del monumento de José Manuel Baca, Cañoto, el poeta y guerrillero patriota que luchó durante la Guerra de la Independencia. No fue posible hacerlo sin experimentar una sensación de asco profundo. Y es que el céntrico lugar apestaba porque estaba ‘sembrado’ de excrementos. Malos vecinos o advenedizos llegados de otras partes y que no respetan a la ciudad que los cobija, han convertido en retrete público, como a otros sitios citadinos, la rotonda ubicada entre las avenidas Landívar y Cañoto, donde se erige la estatua del prócer.

Estos atropellos son cometidos impunemente todos los días del año. No hay urbe, entre las demás del país, más ultrajada e irrespetada que la de Santa Cruz de la Sierra. Entre propios y extraños, las ofensas y el maltrato corren casi a la par. Los ‘cruceñazos’, esos de dientes para afuera, suelen ser los peores agresores de la pobre ciudad que parece no tener quién la defienda o la haga respetar.

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