1 de octubre de 2023, 4:00 AM
1 de octubre de 2023, 4:00 AM

Desde hace pocos días, la ex diputada masista Lidia Patty Mullisaca funge como vicecónsul en la ciudad argentina de La Plata. En mayo pasado, se le instruyó replegarse después de que en Perú fuera rechazada de plano su designación como consulesa en Puno. No había recibido la autorización del gobierno peruano. En el país vecino, algunas voces la señalaron como ‘agitadora política’ de Evo Morales. Patty Mullisaca no es diplomática de carrera. De repente, a la rápida, habrá tomado un cursillo sobre una materia tan especializada. En realidad, su nombramiento le retribuye haberse convertido en principal acusadora de la patraña monumental del ‘golpe de Estado’ por el que fue secuestrado y encarcelado el gobernador cruceño Luis Fernando Camacho.

Desde la gestión de Morales, la diplomacia boliviana empezó a tener un fuerte tufo ideológico. Se convirtió en apéndice de la política interna que se funda en afinidades partidarias y no en los intereses del país. Qué iba a saber el cocalero o importarle un pepino que la academia diplomática es piedra angular de un servicio exterior meritocrático. Por eso, el 98% de los funcionarios de carrera fue destituido. Lo que explica los reveses que Bolivia ha experimentado en tribunales internacionales. Por la demanda marítima y por las aguas del Silala en la Corte de La Haya, entre otros. Es señal inequívoca de una cancillería politizada y desinstitucionalizada. Y doña Lidia, estrenándose muy oronda en funciones diplomáticas, es reflejo fiel del improvisado e inepto servicio exterior del Estado Plurinacional. Y así nos va.

Tags