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3 de octubre de 2023, 3:00 AM
3 de octubre de 2023, 3:00 AM

La provisión de agua potable ya es un gran reto planetario. Tuvimos un invierno seco y la primavera ha llegado desprovista de lluvias. Decenas de municipios de Bolivia ya sufren los efectos de la sequía. En Santa Cruz tampoco ha llovido gran cosa, pero nuestra prodigiosa naturaleza nos está permitiendo mantener nuestros hábitos de consumo de agua como si nada estuviera pasando. ¿Deberíamos preocuparnos? Claro que sí. Miremos lo que sucede en el mundo en estos momentos.

 La Amazonia brasileña, uno de los lugares más lluviosos del planeta, enfrenta una aguda sequía, a tal punto que el nivel del agua de algunos ríos navegables ahora llega a las rodillas. En Estados Unidos, los niveles freáticos han bajado dramáticamente, porque la extracción de las aguas subterráneas es muy superior a la capacidad de recarga de los acuíferos. En la ciudad de Phoenix –ahora un vergel en medio del desierto– ya piensan en la construcción de un ducto de cientos de kilómetros para traer agua desde una planta desalinizadora en las costas mexicanas. ¿Podría Santa Cruz correr la misma suerte en algunos años? ¿Cuál es nuestra alternativa de abastecimiento si fallase la que tenemos?

Por lo pronto, ayudaría mucho hacer un uso responsable del agua. Hay personas que se bañan dos y tres veces al día; otros le tiran media hora bajo la ducha a manera de relax. Lavar el vehículo con la manguera a full es otro gran desperdicio; se logra el mismo resultado con uno o dos baldes de agua. Es hora de tomar conciencia de que, en muy poco tiempo, la escasez también nos va a llegar a nosotros.

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