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11 de octubre de 2023, 3:00 AM
11 de octubre de 2023, 3:00 AM

La Policía Boliviana es una de las instituciones que ha merecido la desaprobación ciudadana, de acuerdo con una encuesta de la Fundación Jubileo divulgada últimamente. Aunque como en otros casos que se analizan críticamente, es necesario separar la paja del trigo. Porque así como quienes faltan a su compromiso profesional, se corrompen y desacreditan a la entidad, también hay buenos policías que cumplen sus deberes y protegen del delito a la comunidad. Y lo hacen recibiendo bajos salarios y mal equipados, entre otras condiciones desfavorables.

 La otra cara de la medalla la ofrecen, aunque sin culpa, policías que dejan al vecindario sin vigilancia porque son puestos como edecanes de ministros y viceministros veleidosos para su ‘custodia personal’ o para que les carguen el maletín. Ni que sobraran efectivos para disminuir la sensación de inseguridad que atenaza a ciudades enteras como la nuestra, la más grande y poblada del país, que no cuenta con los suficientes uniformados, -menos de 5.000-, para frenar a la delincuencia que tiene a la gente con el Jesús en la boca.

En suma, la Policía arrastra muchos problemas irresueltos. La premisa de “corrupción cero” para que recupere la credibilidad y  confianza perdidas, quedó en simple palabrería. El de su más que evidente politización, faltaba más, se suma a la larga cadena. Con el ministro de Gobierno incrustado en el alto mando donde él lleva la voz cantante, el remedio está resultando peor que la enfermedad.

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