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19 de octubre de 2023, 3:00 AM
19 de octubre de 2023, 3:00 AM

A mediados de los 90, en un congreso nacional de la COB se creó el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP). Era una conquista de los sindicatos de trabajadores que se sentían usados por los partidos políticos tradicionales. Evo Morales era un joven dirigente cocalero en aquella época. Los ideales de entonces parecían legítimos. Han pasado casi tres décadas de ese primer momento. El IPSP se volvió sigla y partido llamado MAS. Bolivia ha tenido a dos presidentes de esa tienda política, que se convirtió en hegemónica, pero que optó por la visión del todo o nada, desnaturalizando las posibilidades de dialogar o llegar a acuerdos con los partidos minoritarios de la oposición.

 Hoy resulta que el MAS es el principal adversario político del MAS. A 17 años de gobernar el país, este partido que ha tenido dos presidentes, está dividido en dos facciones: el evismo y el arcismo. El primero intentando mantener el control político y cada vez más aislado en Chapare; el segundo con el poder real del Gobierno. El primero recurriendo a la vieja práctica del bloqueo en Chapare y el segundo viendo cómo un parlamentario es impedido de ingresar a una empresa del Estado. La situación es compleja porque las tensiones en este partido consiguen paralizar el país. Los adversarios están midiendo fuerzas día a día. Hay que esperar que la pulseada no golpee ni la vida ni los bolsillos del conjunto de la población, aunque es probable que las escaramuzas vayan en ascenso a medida que se acerca la fecha de definición de candidaturas presidenciales.

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