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20 de octubre de 2023, 3:00 AM
20 de octubre de 2023, 3:00 AM

Con efectos previsibles y dañinos para el medioambiente, Santa Cruz de la Sierra se está convirtiendo en una ‘ciudad de plástico’. Sus calles, avenidas, plazas, parques, y otros sitios públicos están inundadas por ese material contaminante. Los vientos que soplan en diferentes direcciones, se encargan de desparramar bolsas, botellas, vasos, platillos y otros utensilios que, de manera desaprensiva, la gente deja caer al paso o desde vehículos en movimiento, en vez de depositarlos en un basurero como corresponde hacerlo.

 El plástico no es biodegradable, es decir que no sirve de alimento a ningún ser vivo. Sólo se degrada por la radiación solar y se rompe en partículas cada vez más pequeñas, sin perder su composición química. En el suelo, el tiempo de degradación de las bolsas plásticas es de 100 a 1.000 años. El de las tarjetas telefónicas es de 1.000 años y el del vidrio alcanza los 4.000 años. Los cambios climáticos tienen que ver, en gran medida, con la producción e incineración de plásticos.

 En el planeta, cada minuto son entregadas un millón de botellas plásticas, al igual que 10 millones de bolsas Sus residuos ahogan las vías fluviales, contaminan los océanos, matan la vida silvestre y hasta se infiltran en nuestra cadena alimentaria. Hace falta la toma de conciencia frente a un problema acuciante que enfrenta la humanidad: El de la contaminación de su hábitat natural. En nuestra abigarrada comunidad cruceña dejemos de hacer ‘bolsa’ las condiciones básicas para una convivencia civilizada y sana.

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