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12 de enero de 2024, 3:00 AM
12 de enero de 2024, 3:00 AM

Un viejo refrán español sentencia “cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar”. Como anillo al dedo, su aplicación encaja con lo ocurrido en Ecuador y su réplica inminente en países como Bolivia. Unas estructuras del Estado boliviano insuficientes, corrompidas y debilitadas pueden permitir el avance del crimen organizado sobre su territorio, aprovechando la permeabilidad de sus líneas fronterizas.

Hace tiempo largo, expertos en la materia que llegaron desde México enviados por la SIP para dictar un taller sobre Prensa y Crimen a periodistas bolivianos, emitieron un diagnóstico preocupante: En Bolivia hay terreno fértil para el avance del crimen organizado. Tras la grave crisis ecuatoriana, en el mismo sentido se han recogido las opiniones de Jorge Santistevan, abogado y excoronel de Ejército y del exministro de Gobierno, Carlos Romero que citaron seis debilidades del país frente al flagelo transnacional: Creciente actividad del narcotráfico, la toma impune de tierras, la crisis del sistema judicial, las fronteras sin control, un sistema penitenciario obsoleto y la ausencia de una fuerza especializada anticrimen.

Lo que está sucediendo en Ecuador es una crisis estructural de Estado y  Bolivia debe realizar, con carácter de urgencia, cambios de fondo para evitar la reproducción de ese terrible mal en el suelo nacional. En vez de negar y/o minimizar los riesgos, el Gobierno de Luis Arce debe poner mayor atención a las luces de alarma que ya están encendidas y actuar en consecuencia.

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