15 de enero de 2024, 4:00 AM
15 de enero de 2024, 4:00 AM

La sociedad del plástico. Poca gente toma conciencia de que el mundo está inundado de plástico, para desgracia de la vida animal. Personalmente, procuro reducir mi consumo de plástico, pero suelo ir contracorriente en ese empeño. En el súper, por ejemplo, las cajeras están instruidas para no mezclar productos en una misma bolsa. Parece que hay quienes se quejan si el pan comparte espacio con los jabones. Como resultado, uno sale con cuatro bolsas para apenas cinco productos. Alguna vez le he sugerido a la cajera que mis cinco chucherías las meta en una sola bolsita. Primero, ella me mira como a bicho raro por sugerir semejante herejía, y luego atina a sacar una bolsa más grande, lo cual desvanece mi deseo de llevar menos plástico a mi casa. De vez en cuando me acuerdo de llevar mi propia bolsa de tela, y cuando la saco al momento de pagar, ahí sí que desconcierto a la pobre cajera.​

La vianda, en peligro de extinción. Mucho antes de la era del delivery, la gente iba a las pensiones o restaurantes con sus viandas para llevar comida a su casa. Para la generación Z, aclaremos que la vianda consistía en un ingenioso conjunto de recipientes herméticos que permitían transportar la sopa, el segundo y las guarniciones por separado, pero de manera ordenada gracias a un práctico mango. Hoy en día, los envases plásticos y de poliestireno expandido (plastofor, a lo camba) han reemplazado a la vianda. Este cambio ha transformado un simple almuerzo en un derroche de cajas y frascos que, lamentablemente, terminan en la basura. Triste legado el que estamos dejando.

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