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28 de enero de 2024, 3:55 AM
28 de enero de 2024, 3:55 AM



Finalmente, Mario Aguilera asumió la suplencia temporal en la Gobernación de Santa Cruz. Su posesión en la que no se respetó su investidura ni se le entregaron los símbolos departamentales, devino en reprochable acto de mezquindad y ensañamiento político.
Tampoco a Aguilera se le concedió el uso de la palabra que hizo luego en improvisada rueda de prensa. Santa Cruz, su historia y su gente no se merecían bochorno tal que, de yapa, acompañó una intimidante presencia policial en cercanías de la Gobernación.

Está fuera de toda discusión que la titularidad del gobierno departamental le corresponde a Luis Fernando Camacho. Hasta el final de su mandato porque fue elegido democráticamente y por mayoría como gobernador. La misma cantidad de votos recibió el vicegobernador. Camacho mantiene su cargo, aún pese a estar encerrado en Chonchocoro.

Es de esperar que tras la incertidumbre y haberse alterado el pulso de la región, se recupere el tiempo perdido y la Gobernación vuelva pronto a la normalidad. A Aguilera le corresponde ordenar y limpiar la casa. Anunció una auditoría para “reconducir cosas” y ante denuncias de supuestas irregularidades.

Se ha cerrado un conflicto absurdo y deplorable. Anteponiendo el interés superior, pudo haberse evitado con un gesto mínimo de madurez, racionalidad y grandeza de sus actores. Dejando de lado la intransigencia, radicalismos, alegatos e interpretaciones leguleyescas y de otro tipo, tendrían que haberse arreglado diferencias de otro modo. Cara a cara y sin ofrecerle pasto a las fieras.


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