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1 de febrero de 2024, 3:00 AM
1 de febrero de 2024, 3:00 AM

Bolivia vuelve a ocupar el podio de la corrupción, aunque no necesitamos que un organismo especializado nos lo confirme. Al final del día, la corrupción se traduce en falta de confianza, y los bolivianos carecemos de ella en nuestras propias instituciones. Basta con revisar las noticias del día para confirmarlo. Empecemos con el narcotráfico. En Perú, se acaban de decomisar más de 7 toneladas de cocaína proveniente de Bolivia, y lo sorprendente es que parte de esa droga ya había sido incautada en Oruro apenas un mes atrás. Conclusión: los custodios de pichicata no son dignos de confianza.

Los legisladores nacionales han iniciado un proceso para intentar lavarle la cara a la justicia, discutiendo la mejor forma de llevar a cabo la preselección de candidatos a magistrados. Algunos proponen la preselección por planchas, mientras que otros advierten sobre el riesgo de cuoteo. Sin embargo, ¿podemos realmente esperar un resultado diferente al cuoteo en la política boliviana? Conclusión: no se rompan la cabeza buscando el mejor método, porque siempre se sospechará de intereses oscuros.

La desconfianza también se extiende al ámbito local. Una de las primeras acciones del gobernador en suplencia, Mario Aguilera, es ordenar una auditoría en la Gobernación. “Espero encontrarme con la sorpresa de que todo está bien”, expresó Aguilera sobre el resultado que espera. Esto sugiere que sospecha de corrupción en una administración liderada por la misma fuerza política que lo llevó al poder. Conclusión: ¡Confianza, ni en tu camisa!, como dijo Melgarejo. Así de simple. La desconfianza ha sido una constante en Bolivia, y no hay señales de que esta situación vaya a cambiar.

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