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28 de mayo de 2024, 4:00 AM
28 de mayo de 2024, 4:00 AM

Golpe blando y guerra híbrida son dos expresiones utilizadas por el presidente, Luis Arce, para referirse al momento actual. Ayer dijo que se pretende acortar su mandato, dando a entender que hay un afán conspirativo en su contra. El contexto tiene que ver con la suma de llamados a protestar contra políticas públicas vinculadas a la economía nacional. Pero hay que entender las cosas en su dimensión. La primera gran debilidad gubernamental es precisamente el manejo de las finanzas del país: la carencia de dólares es agravada por una serie de normas que limitan el campo de acción de empresarios (que son los especialistas en generar utilidades y riqueza), también complica que las empresas del estado son intocables, aunque sean deficitarias, mientras que el empecinamiento en un modelo económico que ya es ineficiente completa el desagradable sabor de la torta que se ha cocinado en este presente.

Lo que sí ha sufrido muchos golpes blandos y ha sido víctima de la guerra híbrida es la calidad de la democracia. La institucionalidad se ha perdido en Bolivia y la consecuencia es el desorden que se ve por todos lados. Por ejemplo, los avasalladores armados ya amenazan predios en el este y en el norte. Los mineros ilegales usan mercurio y sacan el metal precioso a sus anchas en el parque nacional Madidi, contaminando y sin dejar beneficios para el país. El narcotráfico se mantiene como un negocio boyante y sus actores siguen matando en poblaciones de la frontera, en tanto hay amenazas y acusaciones en las altas esferas políticas del MAS. Así como está, la democracia y la paz social están amenazadas. La solución pasa por devolver orden a Bolivia, pero lamentablemente “en río revuelto, ganancia de pescadores”.

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