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7 de julio de 2024, 4:00 AM
7 de julio de 2024, 4:00 AM

Constancio tiene 56 años y una vida muy dura. Es ‘padre y madre’ de un menor aún en edad estudiantil y de una jovencita a punto de egresar como enfermera. Él perdió parte de una de sus piernas por un afección incontrolable y quedó postrado en una silla de ruedas. Pero no se dio por vencido y le plantó cara a la adversidad. Lo sigue haciendo. Se gana el pan de cada día y cubre las necesidades esenciales de sus hijos vendiendo dulces y chicles. Soportando incluso las condiciones adversas del tiempo, se desplaza en una esquina de la plaza del Estudiante.

 Una mañana, en uno de los primeros ‘surazos’ de la temporada, lo encontré preocupado y muy afanado en una banca del céntrico paseo: Tras varios años de uso, la ya destartalada silla de ruedas -su principal herramienta de trabajo-, le estaba dando problemas con una de sus ruedas, sujetada con amarres para evitar que se desbandara. En realidad, se había agotado la vida útil del ‘móvil’ de Constancio. 

 En conocimiento de que el Rotary Club Grigotá gestionaba la adquisición de sillas de ruedas para luego donarlas, sin costo, a gente de pocos recursos, -como la que inspira este breve relato-, tomé contacto con la entidad rotaria. Llenados los requisitos, el ‘sí’ a la solicitud no se hizo esperar mucho y Constancio se convirtió en nuevo beneficiario. En su flamante silla, la emoción le hizo saltar lágrimas. Me pidió que transmitiera su gratitud infinita a los donantes. Ponderando el espíritu solidario y buen corazón de los rotarios grigotanos, cumplo gustoso con el encargo. ¡Muchas gracias!

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