Opinión

Caso Rózsa: ¿hasta cuándo el suplicio?

12 de enero de 2020, 3:00 AM
12 de enero de 2020, 3:00 AM

¿Qué le pasa, ministro, qué le pasa?, deben haber pensado los procesados del caso Rózsa, sus familiares y abogados al escuchar a los abogados del Ministerio de Gobierno pedir que continúe el proceso llamado “terrorismo” por el régimen del expresidente Evo Morales. El pedido fue hecho el jueves pasado, pese a los dos golpes certeros sufridos por el Tribunal que preside el juez Sixto Fernández: las renuncias de las dos únicas jueces ciudadanas que completaban el tribunal con otros tres jueces técnicos. La primera anunciada el lunes en medio de graves denuncias que suman vicios de nulidad al proceso y la segunda el jueves, ambas a través de cartas leídas en ausencia de las renunciantes.

Dice uno de los apoderados del ministro Arturo Murillo que “por institucionalidad se debe seguir con los procedimientos de la causa”. ¿De qué institucionalidad estarán hablando, si lo que menos hubo a lo largo de los diez años que nos separan desde el estallido del caso fue precisamente eso, respeto a las instituciones, al Estado de derecho y a los derechos humanos de los 39 inicialmente procesados bajo la forzada figura de terrorismo? Si fuera un caso del que poco se conocía, hasta daría para creer que se trata de algún error o solo ignorancia. Pero la realidad es otra: el propio ministro reconoció hace poco que este fue un caso armado por el anterior Gobierno. Él conoce testimonios de los afectados.

En diciembre, antes de que se iniciaran las vacaciones judiciales, los procesados enviaron al ministro Murillo un detallado memorial en el que le pedían expresamente disponer el retiro del Ministerio de Gobierno como denunciante. No como un favorcito, sino como un acto de justicia, habida cuenta las gravísimas irregularidades acumuladas a lo largo de los siete años que lleva el juicio. Una de ellas corroborada el lunes por la renunciante juez ciudadana Sonia Mamani, que confirmó haber sido presionada por el anterior Ministerio de Gobierno “para votar en línea”, además de financiada por este en sus viajes de La Paz a Santa Cruz y pago de viáticos, algo contrario a la ley, a la institucionalidad verdadera. De eso hace ya un mes. ¿No fue tiempo suficiente para “analizar” el caso y disponer su retiro como parte acusadora? Parece, porque el jueves sus apoderados pidieron cinco días para “conocer” y “estudiar” más de 200 cuerpos que contiene el proceso. El juez les dio 10 días

Quisiera verle el lado amable a esta curiosa posición del actual Ministerio de Gobierno, tal como decidió hacerlo Gary Prado, uno de los abogados de los procesados, pero no puedo. Como muchos bolivianos, he venido acompañando el caso Rózsa desde el mismísimo 16 de abril de 2009. He leído casi todo lo publicado sobre el mismo. Y me es difícil creer que ha dejado de ser un montaje al servicio de intereses sectarios, sobre todo partidarios, al que parece se le quiere seguir sacando réditos políticos. Ya cayó Morales, pero el caso no cae, digo pensando en el vaticinio hecho por el exfiscal “estrella” del caso, Marcelo Soza. Lo ocurrido en las últimas horas solo alimenta dudas y sospechas sobre nuevas maniobras digitadas por viejos políticos que han pasado de ser opositores a actuar como oficialistas. Y no lo digo solo por quienes tienen cargos en el actual Gobierno de transición.

Cada vez queda más claro que el caso Rózsa provocó heridas letales en una estructura de poder local que parecía homogénea hasta 2009, pero que hizo aguas no solo por la fuerza y la brutalidad con la que operó el MAS, sino por la falta de coherencia, transparencia y lealtad de muchos de los que fueron parte de esa estructura, y que a lo largo del proceso ignoraron y violaron los principios que decían defender. Muchos de ellos buscaron cómo zafarse de las garras del MAS, librarse del montaje, a costa del martirio y sacrificio de unos pocos. Hay ahí una o varias cuentas pendientes de ser cobradas. Unas cuentas a las que muchos temen aun hoy, y cuya cobranza está en otras manos libres y opuestas a Evo.

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