14 de septiembre de 2021, 5:00 AM
14 de septiembre de 2021, 5:00 AM


El presidente argentino, Alberto Fernández, y su vicepresidenta, Cristina Kirchner, sufrieron este domingo un contundente revés electoral: los candidatos a diputados y senadores para ocupar un lugar en el Congreso en la elección de noviembre perdieron las elecciones primarias en 18 de los 24 distritos del país, incluyendo los más importantes, como la provincia de Buenos Aires, donde está el 40 por ciento de los votos totales.

La coalición opositora Juntos por el Cambio, liderada por el expresidente Mauricio Macri, ganó el 40 por ciento de los votos, mientras el Frente de Todos del kirchnerismo alcanzó el 31 por ciento, al 98 por ciento de mesas escrutadas.

El golpe ha sido tan duro que el propio Fernández tuvo que admitir la noche del domingo que “evidentemente, algo no habremos hecho bien para que la gente (no) nos acompañe”, mientras a su lado una abatida Cristina Fernández de Kirchner bajaba la cabeza y elegía el silencio como comentario a los resultados.

Las PASO, como se llama en Argentina a las elecciones primarias, son una especie de gran encuesta con miras a las elecciones de noviembre, en las que se renovarán 127 de los 257 escaños de la Cámara de Diputados y 24 de los 72 puestos de senadores. Actualmente, en Diputados ningún grupo tiene mayoría absoluta, y el Senado está controlado por el oficialismo.

Los analistas coinciden en calificar la elección del domingo como una especie de plebiscito que terminó reprobando la gestión de Alberto Fernández como presidente, que comenzó su gestión en 2019, marcada por el golpe de la pandemia y la recesión económica.

Y si bien el resultado de la votación no necesariamente se repetirá en idéntica proporción en la elección de noviembre, en Argentina se lo considera como un adelanto de la tendencia de la opinión electoral frente al Gobierno y los frentes de oposición.

El frente oficialista perdió incluso en la provincia de Buenos Aires, que no solo concentra el 40 por ciento del electorado, sino que era un bastión tradicional del peronismo kirchnerista.

La prensa argentina atribuye la derrota de Alberto Fernández al mal manejo gubernamental de la pandemia, al escándalo de la vacunación vip cuando no había vacunas para el pueblo, a la fiesta de cumpleaños de la primera dama, Fabiola Yáñez, en la residencia de Olivos cuando el resto del país permanecía encerrado en la cuarentena por el virus, y a la elección de tener un “no programa” económico que aceleró la inflación.

La economía también dio su parecer frente al resultado de las elecciones del domingo: el mercado de valores celebró, a su manera, la derrota de los Fernández, porque abrió ayer, lunes, con fuertes subas; las acciones argentinas que cotizan en Wall Street crecieron hasta en 19 por ciento, el S&P Merval subió 6,8 por ciento y el dólar blue (paralelo) cayó tres pesos argentinos, mientras el riesgo país también bajó 6 por ciento.

Si bien esa inmediata reacción del mercado no resolverá los graves problemas económicos del país, da un respiro y sopla un aliento de esperanza para las expectativas futuras de lo que vendrá.

El Gobierno de Alberto Fernández intentará revertir la votación en los dos meses de campaña que restan hasta los comicios de noviembre, y para ello se apresuró este lunes en presentar un proyecto de ley para promover una mayor participación de la industria nacional en las compras públicas, y adelantó que el modelo que adoptó en 2019 no se va a alterar; pero la suerte parece ya estar echada: el voto propinó una severa cachetada al populismo kirchnerista, y para noviembre lo más probable es que el golpe llegue a la otra mejilla.

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