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16 de julio de 2023, 4:00 AM
16 de julio de 2023, 4:00 AM

A los que leyeron Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano —y le creyeron—, no les recomiendo leer La conquista de América contada para escépticos, del doctor en Letras e historiador español, Juan Eslava Galán. En este entretenido libro, se reconstruyen las figuras de los principales personajes españoles y americanos que formaron parte de la colonización del continente. Publicado en 2019, ya lleva más de diez ediciones, y sus páginas intentan clarificar un tema plagado de fanatismos y de medias verdades.

La conquista de América es una historia recurrente, llena de contradicciones, alianzas, traiciones y desencuentros. Eslava Galán, con su inconfundible estilo, en el que la pasión por el detalle y el sentido del humor se dan la mano, expone el choque brutal de dos mundos y las circunstancias del descubrimiento, cuando Colón no iba buscando América, sino una nueva vía hacia las especias de Asia. Detrás de la historia que todos conocemos, están las vidas de los personajes que la vivieron e hicieron que sucediera.

La enorme erudición y el finísimo humor del historiador le permiten reconstruir diálogos entre personajes históricos, y otros de ficción, que convierten a La conquista de América contada para escépticos en un ensayo novelado, antes que en un texto rigurosamente histórico. En un pasaje en el que se relata el asombro por las barbas de los recién llegados, una nota a pie de página, hace referencia al expresidente Morales: “Los nativos americanos eran lampiños o, como mucho, solo lucían una barbita rala y escasa en torno al mentón, una característica genética heredada de sus antecesores asiáticos que también evitaba que entre ellos existiera la calvicie. Esta tacha, según Morales, presidente de Bolivia y doctor honoris causa por diez universidades, es también achacable a que los europeos se alimentan con pollos transgénicos, lo que además los inclina a la homosexualidad. Lo aseguró en la inauguración de la Conferencia Mundial de Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra de 2010, y su puso a sí mismo como ejemplo, orgulloso de ese pelazo…”

Más allá de los temas y personajes controversiales, me gustaría rescatar el mestizaje cultural del que pocos hablan o evitan asumir. A partir de 1492, se desencadenó un vasto intercambio de productos, costumbres y hábitos entre ambos continentes. En contraposición a las tendencias nacionalistas y localistas de las últimas décadas, hay un fascinante intercambio transatlántico, de ida y vuelta, del que no siempre estamos advertidos.

Sólo como ejemplos paradigmáticos, de los cientos que podría citar: los caballos, inexistentes en nuestro continente, se convirtieron en una pieza clave en la historia del Oeste Americano y en la cultura de los cowboys, quienes los utilizaron para la ganadería y el transporte. De Europa llegaron también otros animales domésticos, como cerdos, vacas y ovejas, que se adaptaron y prosperaron en el nuevo entorno. Estas especies proporcionaron a los nativos locales nuevos recursos alimentarios y cambiaron sus prácticas agrícolas y su estilo de vida.

En este intercambio bidireccional, es imposible no citar al tomate, el maíz, el cacao, la vainilla, el tabaco o la papa —entre otros cientos—, que eran desconocidos en Europa antes de 1492, y que ahora son alimentos fundamentales en la gastronomía del viejo continente. ¿Se imaginan un espagueti sin salsa de tomate? La fusión de culturas ha dado lugar a platos de comida únicos, que combinan ingredientes y técnicas culinarias de ambas orillas. Estos platos mestizos, como el ceviche, la paella o el mole, son un reflejo de la diversidad y la riqueza cultural. El mestizaje cultural resultante ha enriquecido la historia y la identidad de ambos lados del Atlántico.

Celebrar lo mestizo implica reconocer la contribución de todas las culturas involucradas en este intercambio. Y así como cada fricasé, silpancho o majao es un sabor que nos hace valorar la diversidad, en este banquete paradisíaco, cada color de piel nos invita al diálogo intercultural, en lugar de la exclusión.

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