Escucha esta nota aquí

Foto: Principal | María José Bejarano / Activista 
Defiende nuestras culturas

Es una joven dinámica que lucha por los derechos de los pueblos indígenas del oriente boliviano. En 2019 participó de la marcha contra la crisis climática mundial en Nueva York, como representante de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (Cidob).

“No lo podía desaprovechar, saber que una persona de mi edad podía acudir en representación de los pueblos indígenas de la cuenca amazónica de Bolivia, fue una oportunidad para llevar la verdad, mientras nuestros selvas se incendiaban”, expresa.

María José trabaja para que los problemas de tierra, territorio, medioambiente y de salud de estas naciones sean tomadas en cuenta en las agendas de los gobiernos.

“Estamos viviendo un momento difícil, se han unido todas las cosas negativas, como pandemia, deforestación, incendios, campañas electorales sucias, que hacen complicado enfocar la mirada en un solo problema. Como jóvenes, necesitamos unir nuestras voces para llamar la atención de los gobernantes del mundo”, agrega.

La realidad parece moverse de manera más veloz en estos tiempos. En un mundo en el que cada novedad tecnológica es tan efímera como moderna y variable, las mismas personas cambian a la par de este movimiento. 

Cuando apenas nos familiarizábamos con el término ‘millennials’, está generación comienza a ser parte del pasado, ya ha alcanzado la madurez y ahora está dando paso al protagonismo de los ‘centennials’, conocidos también como la generación Z, es decir, los nacidos entre 1994 y 2010, mientras que sus antecesores (generación Y) corresponden a los que nacieron entre 1980 y 1995.

Y, como toda generación, los centennials tienen sus propios desafíos. Esta colectividad recibió un mundo confuso y afectado por la problemática ambiental, con ciudades densamente pobladas y la explotación incesante de los recursos.

En ese sentido, hacerse escuchar, sentirse parte de esta sociedad que avanza y exige, pero no suma a nuevos intérpretes, representa un gran desafío. Los seis centennials bolivianos que protagonizan estas historias lo están viviendo en carne propia. 

Son jóvenes entre 18 y 22 años que se destacan cada uno en su oficio, que están recorriendo su camino con libertad y con la plena convicción de que es el correcto.

Ellos son María José Bejarano (19), activista y líder de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia; Carly Rosario Poñe Rocha (18), indígena activista y estudiante de Contaduría Pública; Carolina Morales Rojas (19), estudiante de Ingeniería Electrónica y voluntaria de un programa de apoyo al adulto mayor; Francesca Garafulic (19), estudiante de Biología en la Universidad de Friburgo (Alemania); Wilmer Rojas (18) el único jugador con discapacidad visual del Fútbol Profesional Boliviano y Facundo Rodríguez (22), gamer y estudiante de Ingeniería Mecánica en la UMSS.





Estos jóvenes han crecido en un entorno social muy diferente al de otras generaciones, han nacido en sociedades cambiantes, con la globalización de la comunicación y la tecnología de lo táctil consolidados, en escenarios que son cada vez más comunes. Con su exposición a la información, hacen que sean más tolerantes y abiertos a nuevas ideas.

“Actualmente, la sociedad nos expone a escenarios de violencia y peligro a los que, poco a poco, nos fuimos acostumbrando e insensibilizando. Creo que muchos jóvenes tienen potencial escondido que no se atreven a explorar”, menciona Carolina Morales.

Uno no debe cerrarse a nuevas experiencias y oportunidades. En Santa Cruz formé parte de un grupo estudiantil de trabajo, que tenía como premisa romper con los prejuicios sobre la salud mental.

De eso también se trata avanzar, de dar su espacio a los demás”, agrega Francesca Garafulic.





Por su parte, María José Bejarano, afirma: “Me siento orgullosa de que, en este siglo, los jóvenes podamos tener acceso a una diversidad de conocimientos, que nos permiten emitir criterios sobre asuntos importantes, como el cambio climático y sus consecuencias. 

Es fundamental saber que podemos tener una vida amigable con el medioambiente y, al mismo tiempo, satisfacer nuestras necesidades de forma consciente”.

Me motiva hablar a los demás de los saberes y aspectos de la cultura de nuestros pueblos indígenas, que la mayoría desconoce. Por eso tengo en mente seguir impulsando a los jóvenes de mi comunidad yuracaré, para que se conviertan en una fuerza que haga escuchar sus voces”, complementa Carly Rosario Poñe.

Mi principal motivación son mis padres, saber que podré cumplir mis sueños y demostrarles que se pueden sentir orgullosos de lo que en su momento sembraron”, asegura Wilmer Rojas.