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Chacota educativa

Alberto Santelices Salomón 24/11/2020 05:00

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Muchos ingenuos pensaron que la educación mejoraría porque el ministro, en la gestión pasada, fue el maestro rural Víctor Hugo Cárdenas, un inexperto que no aportó nada al fenómeno educativo boliviano; pero sus desaciertos fueron trascendentales. 

A principios de marzo, cuando empezaba a golpear la pandemia, dijo que no había motivos para suspender las actividades escolares, desoyendo los imperativos de una prevención primaria. Días después ordena la interrupción de clases, recomendando cursos virtuales. Para decorar esa torta insalubre, decide que no haya aplazados este año. Cunde la incertidumbre y el relajo pedagógico se maximiza, afectando económicamente a los colegios particulares, tanto que algunos despiden a docentes. A continuación, y con timidez, balbucea el término ‘clausura’. Cualquier neófito sabe que estas determinaciones tienen que estar respaldadas con decretos ministeriales que el mismísimo ministro de marras ignoraba. Para acabar de embarrarla, afirma que la clausura no alcanza a las universidades ni a la educación alternativa. Los Ceas (educación alternativa) trabajan semestralmente. El primer semestre lo hicieron de forma virtual, pero al presentar las calificaciones, las autoridades disponen que todos los alumnos aprueben el curso, sin discriminación alguna. Así era el ‘genial’ Cárdenas.

Se fue este personaje (lo único bueno que hizo) y llega otro profesor al ministerio. Las buenas lenguas afirman que esta autoridad no puede hilvanar dos oraciones gramaticales seguidas, cuando escribe, sin cometer infracciones ortográficas a troche y moche. Al final del segundo semestre la estupidez se repite: no hay reprobados, todos pasan por decisión del centralismo altiplánico. En un Cea (ex -Cema) hay, en dos cursos del bachillerato, 60 alumnos. En cierta materia trabajaron un 10% de ellos. Los demás eran totalmente desconocidos. Ahora todos están abocados a preparar el acto de clausura. Anhelan gozar de la fiesta irradiando su eterna gratitud a la excelente administración educativa. Invocamos al espíritu de Pachakútec, que ronda las lúgubres salas del ministerio, para que termine con tanta necedad pedagógica.

Ordenar a un docente que apruebe a participantes desconocidos y a los reprobados, es el peor ultraje a su conciencia profesional. ¿Se entendió, señor ministro?

¿Qué opina la Federación de Maestros sobre este tema? ¿O está ocupada ensayando su denigrante papel de corifeo de las autoridades?



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