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Silvana Vincenti


La intervención estética, leve o notoria, si bien se realiza en el cuerpo (a nivel físico), proviene de una necesidad más profunda y puede dejar satisfacciones, pero también angustias.

Aunque algunos la ven como algo superficial, según el portal medigraphic, la autoimagen corporal es uno de los constructores de la autoestima, y la insatisfacción con la misma es uno de los principales motivos para la búsqueda de procedimientos estéticos.

“La cirugía plástica es un componente esencial para la recuperación sicológica del paciente. De hecho, hasta un 48% de los pacientes que buscan un cirujano plástico padecen de algún tipo de trastorno sicológico. Es por este motivo que la identificación de los pacientes con rasgos de trastornos depresivos se vuelve fundamental”, indica el sitio web.

En resumen, el deseo de someterse a estos procedimientos tiene que ver con la perspectiva que tiene una persona sobre sí misma.

RAZONES

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedad. Bajo este enfoque, la disconformidad con el propio cuerpo muestra que no se está 100% saludable, al menos no en lo emocional.

Existen las personas que a través de un procedimiento solo quieren afinar algún detalle de su figura, pero también las que ven afectado su diario vivir por la angustia de no verse perfectos, es aquí donde se detecta una patología emocional. “Cuando es patológico, se seguirán encontrando más defectos de forma constante”, explica la sicóloga María Inés Guardia.

La especialista en sicología se sometió a dos cirugías, una de senos y otra de liposucción. Sintió que la primera fue necesaria, pero la segunda no tanto, ya que fue realizada cuando ella pesaba 60 kilos, un peso en armonía con su estatura de 1, 75 metros, y además tras un trastorno alimenticio.

Jéssica Ortiz Eid, experta en cirugía general y laparoscópica, y en estética y obesidad, comparte algunas señales de alerta sobre quién es mal candidato para pasar por el quirófano.

“No son buenos pacientes los impulsivos o con tendencia a la temeridad; aquellos pacientes con tendencia a tomar decisiones poco razonadas o bajo la influencia de terceros; los sensibles al rechazo o socialmente mal adaptados y con la creencia de que ganarán habilidades sociales tras la intervención”, explicó.

A la lista agregó también a los que tienen una imagen pobre de sí mismos, basada únicamente en su aspecto físico, y quienes por su juventud aún tienen aspectos físicos que desarrollar. “Es por eso que se hace un cuestionario a cada paciente”, explicó Ortiz.

En resumen, si la persona antepone su salud, y con ella la valoración que hace de sí misma, al hecho de cumplir con algún estándar de belleza, entonces existe un problema. “Es importante preguntar al paciente qué espera de un determinado procedimiento”, dijo.

CONSECUENCIAS

Una persona que pasa por una cirugía estética puede salir feliz de ella, inconforme, o además envalentonada para someterse a una serie de procedimientos quirúrgicos adicionales.

Desde su experiencia personal, Ortiz asegura que la mayoría de los pacientes queda feliz y hasta siente que su vida cambió de forma radical. Y automáticamente suele sentir que ha mejorado todo en su entorno. La cirujana sugiere los cambios mínimos, para que no se noten y no sean burdos.

La sicóloga Yamile Ardaya cree que hay ciertas situaciones más recomendables que otras, a la hora de operarse. “No es lo mismo operarse porque sí, que hacerlo en personas que tuvieron cáncer y les retiran una mama, por ejemplo, es una cuestión de autoidentificación de género”, indicó.

La especialista reconoció que las cirugías contribuyen a retomar las relaciones sociales que se perdieron por el miedo a cómo lucir. Sin embargo, insistió en una recomendación que considera importante.

“Los sicólogos tratamos el equilibrio del ser humano en cuatro puntos, una parte física, otra emocional, intelectual y espiritual, y cuando se ve falta de equilibrio en esas áreas, entonces hay falencias”, insistió.

Para detectar esto, dijo que basta ver prioridades en los pacientes. “Todo se distorsiona cuando la espiritualidad no está bien fundamentada, y es de ahí que surgen los desajustes”, explicó.

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