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Cohete chino imaginario

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Hace siete días que no duermo, literal, no cierro las pestañas, todo empezó con una noticia que llegó a mi celular, decía: “Cohete chino descontrolado puede caer en cualquier parte de la Tierra”. Lo que nos faltaba, pensé, todo el día cuidándose del covid-19 y ahora mirando al cielo por si el cohete viene hacia vos.

La famosa frase “eso es chino” apareció en mi mente de imprevisto y bueno, no pasaba nada cuando de niño ese juguete de procedencia asiática se deshacía a pedazos a los días de haberlo comprado.

Pero que un cohete que pesa veinte toneladas, mide treinta y cinco metros de largo, se descontrole y vuelva a la Tierra a doscientos kilómetros por hora y pueda caer en el techo de tu casa mientras duermes o en tu jardín mientras tomas el té de la tarde, no causa gracia.

Desde que el covid invadió el mundo y se fue propagando como una onda sonora y cambió nuestra realidad para siempre, los barbijos se volvieron parte imprescindible en nuestro atuendo diario, las personas han cambiado las tradicionales cadenas de oro que adornaban los cuellos por cintas de colores que acaban con un bote de alcohol al setenta por ciento.

Todos sabemos la procedencia de este mortal virus y ahora, mientras el estrés laboral hace pasar los días, el estrés de vivir pensando que todos los que están a tu alrededor están enfermos y para rematar imaginar que un cohete puede caer encima de tu cabeza.

¡Ay nuestro mundo! el que nos tocó vivir, el que hemos construido y el que estamos dejando a nuestros hijos. Las cuarentenas han dejado en crisis a muchas personas, el desenfreno y descontrol se está apoderando de las sociedades, muchos divorcios, feminicidios, familias desintegradas, los problemas sociales se han intensificado.

¿Qué probabilidad hay de ganarse la lotería o que el cohete chino cayera encima tuyo? Son muy pocas. Gracias a Dios luego de una gran expectativa a nivel mundial, el famoso cohete se desintegró y sus partes cayeron en el océano Índico.

La tercera ola está en nuestro país, esperemos que lleguen las vacunas para todos y por último, nosotros como integrantes de esta sociedad, recuperemos la fe y la confianza en creer que dejaremos un mundo mejor, no esperemos que el cohete chino imaginario nos aplaste.



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