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Para tener liderazgo hay requisitos fundamentales: la honestidad, la determinación y la coherencia. El mundo está librando una dura batalla contra el enemigo invisible llamado coronavirus y cada presidente del planeta ha tenido más o menos aprobación en base a las acciones destinadas a cuidar a sus ciudadanos. En Bolivia atravesamos esta guerra con dos administraciones, cada una de ellas con luces y sombras, pero en ambas con una falta de relación entre las recomendaciones que se imparten y las obligaciones que se promueven. Nos referimos específicamente a las colas en todas las instituciones públicas, ese afán de promover aglomeraciones solo para preservar la pesada burocracia estatal.

A pesar de los discursos y las promesas políticas, Bolivia está muy retrasada en cuando a la digitalización de los trámites. Hay que hacer fila para obtener documentos como el carné o el brevet; hay que hacer cola para obtener un reporte de la AFP; hay que madrugar si se quiere tener una ficha para la consulta médica en un hospital público. De manera inhumana, se exige que las personas de la tercera edad soporten calores y lluvias mientras aguardan hacer un trámite de jubilación en el Senasir o gestionar el pago de la Renta Dignidad en otras oficinas.

Después de que los ciudadanos hacen largas filas y pierden horas productivas, se encuentran con muchos funcionarios públicos indolentes que hasta parecen disfrutar cuando piden más requisitos o cuando dicen que la espera no sirvió de nada y que deben volver otro día.

Y es en ese momento cuando se tiene la certeza de que en materia de trámites Bolivia vive en la prehistoria, que todo podría ser resuelto en línea, mediante aplicaciones. ¿Por qué no se lo hace aún? Si se ha logrado digitalizar la banca y muchos servicios del sector privado, no tendría razón creer que no se puede actuar de la misma manera en el sector público. La diferencia está en que los gobiernos ocupan a mucha gente que después le paga al partido con “aportes voluntarios” del sueldo que percibe y con trabajo político, en muchos casos las caras que se ven detrás de las ventanillas son personas que buscaron pega y la consiguieron después de hacer campaña electoral.

La digitalización también es clave para acabar con la corrupción de quienes piden coima para agilizar los trámites. Si hubiera un verdadero interés de acabar con esta lacra, se habrían destinado horas y recursos para dar solución a este tema.

Pero ahora que el coronavirus está otra vez en un pico de transmisión, eliminar las filas y las aglomeraciones en bancos e instituciones públicas, debe ser una obligación del Estado. No se puede perdonar que obliguen a personas, menos aún a las de la tercera edad, a hacer filas, al amontonamiento que los exponen ante un virus que es mortal.

Mientras se eliminan las pegas excesivas en el aparato público, se puede impulsar una modernización del Estado que aporte transparencia y compromiso. Sobre todo, que genere empatía con el ciudadano. En Bolivia es una verdadera tortura hacer un trámite y eso debe acabar.

Si el Estado recomienda que se mantenga la distancia social, que no se acuda a espacios con mucha gente, es su obligación no impulsar este tipo de acciones que perjudican a la población.



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