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11 de junio de 2023, 4:00 AM
11 de junio de 2023, 4:00 AM


Ricardo Román Toro/ Profesor de Filosofía y director del colegio Alberto Blest Gana

Un estudiante en clases de matemáticas explica a su profesora que el error que buscaban en un ejercicio era un símbolo equivocado, la respuesta se la dio la aplicación de Inteligencia Artificial (I.A.) ChatGPT en su propio teléfono celular. Otro estudiante relató que para preparar un examen sobre un libro le pidió a la ChatGPT que le hiciera preguntas para verificar que estaba bien preparado. 

En el colegio Alberto Blest Gana de Chile, utilizamos las tecnologías digitales con enfoque creativo desde hace diez años. Esto nos permitió conectar a distancia con nuestros estudiantes a una semana de la cuarentena de la COVID-19. 

Con la Chat GPT comenzamos rápidamente a experimentar con usos creativos en el aula, y desde hace dos años, utilizamos otro tipo de I.A., reconocimiento de imágenes basado en machine learning, programada con la plataforma educativa de Scratch, en las asignaturas tradicionales, como proyectos en biología, para identificar grupos de sangre o el estado de conservación de la carne del pescado. 

En el modelo de nuestro colegio, las nuevas tecnologías son parte del desarrollo de habilidades del futuro y del protagonismo de los estudiantes. A partir de mucha exploración y experimentación, adoptamos prácticas diversas, como robótica, programación, genética, impresión 3D, yoga, meditación, teatro y danza, logrando construir un nuevo paradigma que pone en el centro aprender en la experiencia, el ensayo y error, los proyectos, el trabajo en equipos, y habilidades sociales y emocionales. 

La I.A. generativa ha renovado temores en los colegios, que vienen desde el inicio de la revolución digital, porque resuelve todo tipo de tareas y exámenes a los estudiantes, con la sola condición de estar conectados a internet, lo que desafía a los maestros para enseñar y evaluar genuinamente.
Sin embargo, ahí no están los riesgos reales, sino en prohibirla o en utilizarla para el pasado.

 Prohibirla es imposible, porque los estudiantes la tienen en su teléfono celular. Utilizarla para el pasado es centrarla en ayudar a tareas repetitivas, de copia o gestión de información y no como herramienta creativa, asociada a habilidades del futuro profesional.

La I.A. puede ser muy valiosa para cultivar las habilidades relevantes para el futuro, habilidades como aprender de modo creativo, potenciar la curiosidad y descubrir problemas nuevos y ofrecer soluciones originales. Si se trata de memorizar, repetir, aplicar reglas y algoritmos, las tecnologías comienzan a hacerlo mejor que los seres humanos, por lo que ya no son una diferencia en el mundo del trabajo. Las profesiones basadas en el cálculo y la gestión de información requieren capacidades nuevas que las diferencien de las máquinas o serán reemplazadas por éstas.

Según todas las encuestas de empleo a nivel mundial, las habilidades más valoradas en los profesionales son la comprensión de fenómenos, la creación de relatos con sentido, detectar lo que no funciona para hacer ofertas nuevas, inspirarse e inspirar a otros, descubrir caminos donde otros ven solo obstáculos, colaborar en equipos y en redes locales y globales, esto en la ciencia, el arte, los negocios o el gobierno. Las personas que poseen estas capacidades tienen una ventaja porque aún están lejos de ser reemplazadas por las máquinas inteligentes. 

Si el mundo está por descubrirse e inventarse, todas las novedades tecnológicas, como la ChatGPT, se pueden sumar al empeño de aprender para crear y no para repetir. Si seguimos ese camino, siempre tendremos mucho que aportar como profesores y colegios, para desarrollar habilidades para el futuro de nuestros estudiantes.