11 de septiembre de 2023, 4:00 AM
11 de septiembre de 2023, 4:00 AM

Cada año en Bolivia, en los meses de agosto y septiembre -el más complicado- los agricultores queman rastrojos para eliminar la maleza de sus campos por ser un período seco. El problema es que siempre se enfrenta al fuego en la más absoluta carencia. Esperando que la ayuda llegue de países vecinos, incluidos bomberos extranjeros.

Es cierto que, a diferencia de otros años, hay menos incendios. Disminuyeron por las lluvias que se generaron en el ecosistema de los bosques amazónicos. Aun así, hasta el lunes 4 de septiembre se habían reportado más de 300 focos. Y se estiman en 36.000 las hectáreas consumidas por el fuego en Santa Cruz.

Las autoridades dicen que los incendios forestales devoraron 443.000 hectáreas de bosque de enero a agosto en Bolivia, cifra que representa el 10% de la superficie forestal quemada en el periodo similar de 2022. El año pasado fueron 4,4 millones las hectáreas arrasadas por el fuego. Para comprender mejor el dato, equivale al doble de la superficie sembrada en Santa Cruz. Lamentablemente, Bolivia ya figura como el tercer país que perdió mayor cantidad de bosques primarios tropicales en el mundo.

Y aunque este año haya menos incendios, la atención a los desastres deja al descubierto las carencias con las que se enfrenta la época de incendios forestales en Bolivia. Los bomberos -en su gran mayoría- son voluntarios. No es raro verlos en las calles de Santa Cruz pidiendo colaboración con el casco en la mano, organizando patascas solidarias o sorteos los fines de semana para recaudar fondos que les permitan comprar un carro o mangueras. Golpea tanta precariedad para afrontar el fuego que pone en riesgo no solo bosques sino también vidas humanas, en la región que presume de ser el motor económico de Bolivia.

Incluso, los voluntarios que combaten incendios carecen de infraestructura y si tienen un espacio para organizarse, éste es prestado y deben apelar a favores para contar con un centro de operaciones.

Lo último que se supo es que en las redes de WhatsApp del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) circula un QR para recolectar dinero que pueda apoyar a los bomberos. La caja de ahorros es de funcionarios del Sernap que piden el apoyo de la sociedad civil. Entonces, surge la pregunta ¿las entidades del Estado no reciben recursos de las petroleras para conservación de áreas protegidas?

Es decir, reparten las áreas protegidas para el aprovechamiento forestal, productivo o hidrocarburífero, ¿pero no tienen dinero para cuidarlas del fuego?

Las necesidades se multiplican y aunque hay menos zonas afectadas, las fuerzas no alcanzan. Al sur, en el parque nacional Kaa-Iya, los bomberos no han podido controlar un incendio de más de 20 días. El Gobierno ha instalado un puesto de control para evitar mayores desastres y otros dos incendios continúan activos.

A toda esta situación se suma la falta de agua, varias regiones del país están sufriendo las consecuencias de la sequía. Para los próximos meses se proyectan mayores temperaturas por el fenómeno climático El Niño que obviamente secan ríos y lagos. Y Bolivia, seguirá esperando la solidaridad nacional o internacional para combatir de manera efectiva los incendios.

En Bolivia, el fuego afecta a la mayor parte de áreas protegidas, pero las zonas más golpeadas están en el oriente del país. La Gobernación de Santa Cruz declaró el jueves alerta roja por los incendios forestales que afectan a la región.

Recordemos que en 2019 un devastador incendio redujo a cenizas más de cinco millones de hectáreas en las serranías vecinas a la Amazonia. Ojalá las autoridades de los tres niveles de gobierno tomen conciencia de que el combate al fuego precisa de recursos para hacer un trabajo efectivo y no dejen esta importante tarea librada a la solidaridad o los QR de los funcionarios públicos.

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