Opinión

Con diferencias pero el mismo corazón

El Deber logo
6 de diciembre de 2019, 3:00 AM
6 de diciembre de 2019, 3:00 AM

Texto:  Andrés Tórrez

Evo Morales dividió a Bolivia durante 14 años. Dividió a los movimientos sociales, creando grupos afines al gobierno, y los enemigos del poder. Dividió desde la COB hasta los Cocaleros (Chapare/Yungas), pasando por la Csutcb hasta la CEPB y finalmente al empresariado cruceño. 

Todo lo que tocaba se dividía entre los que recibían favores del gobierno y los que eran perseguidos por impuestos nacionales, agencias gubernamentales, fiscalías etc.

En cada gremio, grupo social y económico se dividió entre los amigos y enemigos del gobierno. Los que se quedaban al medio tratando de ser ecuánimes u objetivos terminaban apedreados por ambos bandos, reclamando una polarización casi obligada. Así llega Bolivia al Octubre 20 de 2019. Dividida entre una economía estable y una política abusiva y excluyente.

El bullying del poder fue implacable. Participar en política estaba prohibido bajo el slogan: “tú trabaja y no grites por que el único que puede hacer política en Bolivia es el MAS”. Protestar, denunciar, interpelar, y competir con el poder era prácticamente un suicidio. 

La división de Bolivia fue cada vez mas grande y la impostura aún mayor. Los errores y abusos del gobierno fueron cada vez más evidentes. Decenas de grupos sociales y políticos protestaron y fueron reprimidos de varias formas. Los indígenas del Tipnis, los constituyentes de la Calancha, médicos, gremiales, cooperativistas mineros, discapacitados, cívicos potosinos, cruceños, benianos y de todo el país, gobernadores de oposición fueron perseguidos y exiliados o encarcelados. Periodistas y medios de comunicación fueron asfixiados si mostraban síntomas de oposición al poder.

Las instituciones financieras fueron coercionadas para viabilizar políticas de crédito con banderas políticas y el Banco Unión se convirtió en una herramienta de liquidez para las empresas afines al presidente. 

Las libertades económicas y políticas se fueron limitando hasta el punto de llegar al desconocimiento del voto popular el 21 de Febrero y el Fraude lapidario del 20 de Octubre pasado. Errores, abusos, bullying, soberbia y atropellos que terminan en la provocación final de la violencia y enfrentamientos entre hermanos bolivianos, que manipulados por grupos mafiosos del MAS, logran reclutar ciudadanos inocentes para una batalla ficticia que amenaza a una Guerra Civil.

Estas amenazas y manipulación mafiosa cosechan en un terreno fértil de miedo, dolor y pena que sufre gran parte de Bolivia. Hay una mitad que se siente huérfana y sola ante la partida y renuncia de Morales. Es gente mayoritariamente humilde y también de todos los estratos sociales que ha mejorado su calidad de vida y esperanza de futuro en estos 14 años del gobierno del MAS. Tuvieron acceso a créditos de vivienda y apertura a beneficios sociales de varios tipos. Gente que ha vivido mejor que sus padres y abuelos y que siente los nuevos cambios del país como una amenaza.

Es una parte importante de Bolivia que piensa que vuelve el pasado y con él la injusticia social, el racismo, la exclusión y los abusos de una Bolivia que ya no existe, pero, en su imaginario, amenaza con volver. Es una Bolivia huérfana de líder y hambrienta de certidumbre, una Bolivia triste, insegura, excluida de este momento de fiesta y renovación democrática. Una Bolivia que necesita ser escuchada, tomada en cuenta, abrazada e incluida. Hay una parte del País que está triste y tiene el mismo derecho que todos a festejar y ser parte del presente y el futuro. Esa Bolivia ahora excluida es el terreno fértil para que los violentos y mafiosos cosechen ciudadanos subversivos. Es el verdadero espacio donde el ala antidemocrática y minoritaria del MAS puede apoyarse para volver con mas fuerza. Es tiempo de tender la mano, de incluir y darle una esperanza a toda Bolivia y no solamente a una parte.

Bolivia necesita una propuesta política de unidad, de inclusión y de articulación de todos los frentes sociales del país. Bolivia necesita líderes que den certidumbre y esperanza a aquellos que se sienten huérfanos sin Evo Morales. Para lograrlo es imposible pensar en líderes del pasado. Cualquier líder del pasado tiene la sombra de la división y exclusión. Es tiempo de una nueva generación que una a Bolivia y acaben con una era de división y polarización del país.

Nelson Mandela salió de la cárcel para unificar Sudáfrica, darle la mano al enemigo y construir un país para todos. En estos tiempos eso significa perdonar el pasado y reconciliarnos con toda la gente de Bolivia que apoya al MAS para hacer un frente de unidad y libertad.

Bolivia necesita hoy, mas que nunca, un Nelson Mandela, unos lideres que simbolicen la unidad de Bolivia, que representen la diversidad y la grandeza de su gente. Bolivia necesita soltar su pasado y mirar hacia el futuro con esperanza para todos, necesita una propuesta de país donde todos sin exclusiones tengan la esperanza de ser parte del futuro.



Tags