Opinión

Confieso padre

1 de enero de 2020, 3:00 AM
1 de enero de 2020, 3:00 AM

Luego de constatar que como nunca el país profundamente dividido, ardió en llamas y viendo cómo se enfrentaron bolivianos en nuestro propio terruño, que siempre fue amigable y pacífico, me siento contrito. Por todo ello, quiero confesarme padre. Usted me aconseja que no es bueno abrigar cólera ni tampoco rencor. Sin embargo, antes de pedir su bendición, permítame citar a los culpables de mis adoloridos sentimientos.

En primer lugar, acuso padre al extinto Tribunal Constitucional que mediante Sentencia Constitucional del 28 de noviembre de 2017, incurrió en un “falseamiento legal y fraude convencional”, al declarar la aplicación preferente de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, frente al art. 168 de la Constitución, argumentando que esa norma reconoce un derecho humano a la reelección indefinida, cuando esta misma Corte Interamericana, en una sentencia anterior definió lo contrario (J. A. Rivera. El Deber 20/10/2019).

Acuso padre al anterior Tribunal Supremo Electoral, que sin desparpajo alguno primero habilitó a los candidatos del MAS, aplicando erróneamente la Ley del Régimen Electoral, e infringiendo varios artículos de la Constitución y, principalmente, el art. 23 del Pacto de San José, y posteriormente, a la simple orden de su patrón, escamotearon el voto del 20 de octubre pasado intentando otorgarle la opción de continuar con la tiranía, una corrupción descomunal y de yapa, el creciente narcotráfico y drogodependencia.

A varios organismos internacionales que dicen ser defensores de la democracia y la libertad, los acuso padre, arropados muchos de ellos como consultores malhechores de cuello blanco, ora por su actitud parcializada, ora por su lenidad en actuar, sólo interesados en recibir suntuosos salarios, sin importarles cómo se gobierna un país. Es el caso de Bolivia, que aguarda una sentencia sobre denuncias de atropello a los derechos humanos.

Acuso padre a quienes fueron parte del difunto y delincuencial Poder Ejecutivo, que inventó el referéndum por la reelección presidencial gracias al servilismo parlamentario oficialista, y que antes de esta elección, juró que aceptaría los resultados, para luego incumplir su compromiso, cuando el pueblo soberano negó el prorroguismo en el referéndum del 21 de febrero de 2016.

Acuso padre a la mal llamada ‘oposición política’, que tomó más en cuenta el egocentrismo y las ansias de poder, impidiendo su unidad. Culpo a muchos de sus dirigentes que prefirieron el silencio cómplice deleznable, convirtiéndose tantas veces en agentes funcionales encubiertos del masismo. Durante la campaña electoral, sus candidatos sólo se encargaron de agredirse mutuamente, dejando el camino expedito al oficialismo, una condición contraria a la opinión mayoritaria de la población.

También acuso padre a aquellos que por intereses económicos, lucro personal o figuración, tranzaron con el gobierno opresor, olvidando la persecución o el encarcelamiento de sus amigos fraternos y el enjuiciamiento indebido de personas probas, por solo defender la autonomía, conquistada en cabildos y legales referéndums.

Dejo todo en el baúl de los recuerdos, porque la libertad que hoy gozamos gracias al coraje de un joven líder cruceño que como nunca lideró un movimiento ciudadano nacional, vale mucho más que cualquier cosa. A quienes pretendan arrebatarnos otra vez la unidad, la democracia y la esperanza, advertirles que pasado el tiempo de las pititas, viene el turno del voto castigo (estilo colepeji) contra la corrupción, el narcotráfico y el caudillismo político. Feliz 2020.



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